DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Música de Salón

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Carmita Arellano había nacido con el siglo XX. En 1970 llegó a casa, a impartirle clases de piano a mi hermana Carmen y a nuestra prima María, como a toda niña burguesa que se respetaba. Dos veces a la semana de regocijo para mi y de tortura para las hembras de la familia. Carmita terminaba invariablemente sus lecciones complaciendo peticiones. Nunca hizo mucha resistencia. Notábamos la transformación de aquella señora, bajita y vestida con modestia, en una joven apasionada. Hasta sus collares de perlas de cristal, pintadas de color nácar, adquirían el brillo de las verdaderas.

Teníamos un piano vertical en la sala. Un Tony de ojos verdes venía a afinarlo. No había regaño de  mi madre ni batido de mamey, que me hiciera despegar los ojos del instrumento cuando lo afinaba. Ver cuerda por cuerda tensada y sobada, escuchar la paulatina conversión de un sonido quejoso en uno limpio y vibrante, era un acto de magia sin igual en ningún circo. El hechizo se completaba cuando Carmita interpretaba, después de sus clases, “Las perlas de tu boca”, “Martha” o “Tres lindas cubanas”, pieza que aseguraba había compuesto su padre y que Antonio María Romeu había robado. Estábamos emparentados de alguna manera y me enorgullecía que aquél danzón me corriera por la sangre, aunque no fuese de manera oficial. Las señoras de su edad no mentían, ni se quejaban por gusto.

A veces mi padre se nos reunía. “La comparsa” de Ernesto Lecuona llenaba la sala con su “in crescendo”. Carmita hablaba de los tiempos de las tertulias en los salones de su juventud. No eran populares aún el tocadiscos, el cine  o el radio, ni se había inventado la televisión. Las noches libres de los que tuvieran tanto dinero para poder disfrutarlas, se consumían alrededor de un piano. Se leían poesías, se hablaba con elegancia de alguna puesta teatral o de algún libro recomendable.

Las partituras se compraban entonces como ahora se descargan canciones en mp3 o se escuchan en Spotify. Su popularidad era demostrada por las copias vendidas. Tenían preciosos diseños en las carátulas y más de una vez sirvieron de pretexto para el roce prohibido de unos dedos o para decir un piropo al oído, al cambiar la página algún galán servicial. 

En el último siglo Occidente ha evolucionado a ritmo de rock’n’roll. Lo que parecía fantástico y excitante en 1913, es aburrida realidad en 2013. El facebook, el twiter y otras redes sociales han substituído las tertulias de los salones. Ahora pulsamos una tangente, escribimos una contraseña y vemos en la pantallita lo que comió Pepe Carratalá esta tarde, la estancia en el aeropuerto de Rafael Borges o la foto que tiró Gregorio Hagelin ayer. A nadie le hace falta bañarse, vestirse y salir de casa. Algunos satisfacen su escasa necesidad sexual frente a una cámara, otros se prenden a Youtube por horas. Nos comunicamos por mensajes de texto y el salón del hogar es sólo importante, por el tamaño del televisor que lo tiraniza.

Muchas veces me he preguntado si habría cabida para una Carmita Arellano o para un afinador Tony en nuestra época.  Son como los triplesulfas, los parasoles de encaje, los métodos de actuación de sir Lawrence Olivier, las tiendas de cd’s o yo mismo. Elementos anacrónicos.

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15 pensamientos en “Música de Salón

  1. Hay elementos anacrónicos maravillosos, como por ejemplo “Paradiso” de Lezama Lima.

  2. Quiero creer que aún tenemos la capacidad emocional suficiente para reunirnos en una tertulia con una música suave de fondo, mientras charlamos pausadamente de temas interesantes.
    Las demás formas de “comunicación” también sirven, pero nunca debería sustituir.
    Un saludo.

  3. Realmente, tiene razón el refrán: Cualquier tiempo pasado fue mejor. Desgraciadamente es así, tantos inventos nos han hecho perder humanidad. He visto fiestas en las que nadie conversa, se la pasan chateando en los celulares. ¿A dónde irémos a parar?

    • Ellos que pierdan el arte de la conversación. A nosotros nos seguirán alimentando las palabras, entre bocado y bocado de arroz con pollo. 🙂

      • Además, me hiciste recordar la cantidad de maestras de piano que teníamos en el barrio, donde, en diferentes épocas, nos criamos. En casi cada cuadra o manzana había una, y cuando caminabas por las calles escuchabas los quejidos de los pianos por tanto abuso, aunque de vez en vez, alguna o algún alumno lograba hilvanar una melodía completa y, solo entonces, te parabas en la acera para escuchar.

  4. ¿Será posible añorar algo de lo que no se tiene conciencia? En caso de que así sea, debo tener algo de esa añoranza. Me encanta escuchar a Lecuona aunque sea en los salones de Youtube. By the way, hice las torticas de Morón y aunque me quedaron ligeramente trigueñitas (mi horno está dándome algunos dolores de cabeza) he de decir que quedaron muy ricas y volaron metafóricamente hablando. Gracias otra vez por la receta.

    • En algunas recetas españolas se tuesta primero la harina para hornear después el polvorón o mantecado. Nunca he sido lo suficientemente sutil para no convertir la harina en gofio. 🙂 Las Torticas de Morón las preferimos rubias, más no creo que un poco de castaño les moleste el sabor. Estoy seguro de que te quedaron bien. Me alegro las hayan disfrutado. En dos o tres semanas colgaré una crema dulce a base de jugo de naranjas, que sólo he visto hacer a mi madre. En estos días de calor resulta deliciosa. Gracias por hacerme la boca agua con tus creaciones.

  5. Mi filosofía es un estribillo, tan añejo como actual (jamás anacrónico): “Hay que vivir el momento feliz, / hay que gozar lo que puedas gozar / porque sacando la cuenta en total / la vida es un sueño, y todo se va. / La realidad es nacer y morir, / Porque llenarnos de tanta ansiedad. / Todo no es más que un eterno sufrir, / El mundo esta hecho, de infelicidad.”
    No nos manipula la tecnología, nos dejamos manipular. El humano sigue desconociendo el límite hacia la adicción en cuanto a redes sociales, videojuegos, cibersexo, pantallas planas y demás terceras, cuartas y quintas dimensiones. Con toda modestia pienso que el monstruoso progreso de hoy no es la causa de la incomunicación ni el distanciamiento de la gente (“alienación”, dirían los filósofos). El problema siempre ha estado en nosotros mismos.
    Fide, si fueras anacrónico, tus manuscritos estuvieran pudriéndose en alguna gaveta a la espera de un editor que reconociera sus valores, que los tiene. Vivimos un tiempo en que TODO VALE, la tertulia de salón es tan posible como las pocas salas de proyección en celuloide (espectáculo para un público bohemio o nostálgico). Sin nostalgia, el vintage no fuera tan caro ni en los bares comunales suecos imperaría la música country. Montarse en la máquina del tiempo es también una decisión y, para muchos, se ha convertido en estilo de vida e incluso esnobismo. Yo trato de balancear para que ciertas idealizaciones no me consuman.

    • Cuentan que un médico operó al compositor cubano Arsenio Rodriguez, para que recuperara la visión. Fue imposible, era la década de 1940. La frustración dió origen a este bolerón desgarrado pero gozador: “La vida es un sueño”.
      No tengo nada en contra de los adelantos técnicos o científicos. Y sí son casi gratis como Skype, wifi, facebook, youtube o costosos como el bluray, el bluetooth, las tabletas de lectura o el tren expresso al aeropuerto, me fascinan igual.
      La ciencia ha avanzado mucho desde 1947, la operación de personas con la enfermedad de Arsenio habría sido un éxito ahora. Y yo contento por eso. Estamos a las puertas de la cura del cáncer, el sida y otras enfermedades terribles. La esperanza de vida aumenta. Las condidiones mejoran para los que tienen dinero en el primer mundo, por desgracia no para todos los seres en este planeta. La cruel disquisición filosófica, está en si nos habríamos perdido el bolero con la videncia de los posibles Arsenios.
      Cuando llegué a Suecia en 1994 no había visto un ordenador o computadora, un teléfono movil o una puerta con código, de cerca. Después llegaron los cd’s, los dvd’s, el internet, wikipedia, la tele en 3D… Dar el salto ha sido difícil. La naturaleza humana y su instinto de protección frena los cambios. Adaptarse o perecer. Mientras tanto: a apoyarse en la nostalgia como modus vivendi, pero a seguir aprendiendo y viviendo. Es inevitable.

  6. Los “anacronismos” son la ultima moda

  7. Los que nacimos a medio camino entre las generaciones de lo tangible y la generación de lo virtual nos encontramos en una tierra de nadie entre la nostalgia y una realidad que nos empuja hacia las nuevas tecnologías. No hace demasiado tuve una de esas veladas inolvidables, con una familia en París (tanto él como ella son amigos y profesores allí) charlando, bebiendo y cantando chanson française al piano. Imposible que algo así pueda hacerse a través de Skype. Todavía no se ha inventado un aparato que transmita del todo el calor humano, una mirada o una sonrisa en directo, o incluso algún roce furtivo. Pero la tecnología, a su vez, es maravillosa si se utiliza bien. Un artefacto como un smartphone o una conexión rápida de internet puede alejarte, pero también acercarte, a las personas que uno quiere. Besazos!

    • Me matas de la envidia.Las noches que pasábamos en casa de Jorge Ybarra con medio Teatro Musical de la Habana cantando y “descargando” como decimos en Cuba a decir bolerones y baladas en esa manera tan “cubana” que llamamos “filin”. Tienes toda la razón, los sentidos todos están a nuestro servicio para la comunicación: Y es mejor usarlos y disfrutarlos. Por las mañanas el olor del café me recuerda a alguien, “sonambuleando” por mi cocina en calzoncillos. Como las madalenas de Proust, pero en Rinkeby y es que la cafetera huele a “niño imantado”. Besazos!

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