DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Levanta muertos

4 comentarios

 

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Somos capaces de recordar cosas desde los tres años. Eventos fuera de la rutina diaria. Perseguir a Macusa por toda la manzana para robarle un beso en la fiesta de mi quinto cumpleaños; el olor de los pasteles de Lolo, el dulcero; los seis cachorritos del parto de la perra Osita, a los que sólo yo me podía acercar; el descorazonador día en que Pachanga me dijo que los Reyes Magos eran los padres o la primera vez que vi una muñecona china con trenzas largas, que parecían de cabello humano, en la peluquería de la prima Carmela.

Entre los momentos que quedan en la mente está raspar con una cuchara los restos de la natilla o el majarete pegados a las paredes del caldero. Un placer incomparable. No hay niño que pueda esperar. ¿Quién olvida los aplazamientos maternos y las argucias infantiles para meterle mano a la olla antes de fregarla? Era toda una fiesta; pero para mi hermana Carmen y para mí, existía un deleite aún superior en nuestra infancia.

Si uno de los dos era tocado por alguna dolencia contagiosa, hacíamos lo imposible por infectarnos. Rubiolas, sarampión, chinas, catarros, paperas y hasta la gastroenteritis, todas eran bienvenidas y compartidas, con tal que provocaran fiebres y malestar. No era por evitar la escuela. La razón, el móvil y la oportunidad de nuestro delito: la fórmula basal.

Quizás nos evocaba las papillas o compotas de cuando éramos bebés. Algo de cómodo existía en no tener que masticar tanto, en la forma que rascaban la garganta los trocitos de chicharritas molidas o el delicioso aroma al mezclar los ingredientes. No sé si nos levantaba las defensas emocionales o inmunológicas, pero tres días después no había virus ni bacteria que sobreviviera.

La he servido a los amigos más íntimos. Es tan suculenta que no necesita ser seguida por un plato fuerte. Deja una sensación de llenura y sobre todo: de saberse nutrido. Nos convierte en cocodrilos, casi nos obliga a dormir la siesta para pudrir un alimento tan completo antes de digerirlo. Pensando con lógica es una especie de redundancia proteínica. El sabor no es nada del otro mundo, al igual que la presentación.

He preguntado varias veces a mi madre de dónde sacó el nombre. En algunos hospitales infantiles en Cuba, combatían la malnutrición con un mejunje parecido. Ella creó el suyo. Siempre que sus hijos se enfermaran, fuera de lo que fuera, tenía que alimentarnos con aquello.

La base es un simple potaje de chícharos (guisantes amarillos secos o arvejas), hervidos hasta que se desbaraten o cuajen en abundante caldo de res (hueso de jamón, chorizo y tocino o panceta, mejoran el resultado), condimentados con sal, cebolla, ajo y comino al gusto. El picadillo (carne picada o molida), hecho con algo de salsa de tomate, pimiento rojo, orégano, cebolla y ajo, casi a la habanera, sin el alcaparrado a la cubana (aceitunas, alcaparras y pasas) ni los cubos de papas (patatas) fritas. Las chicharritas de plátano o mariquitas (platanutres), son finas rodajas de plátano burro o vianda verde, fritas en aceite abundante, muy caliente.

En bien de la humanidad y en mi perjuicio, voy a traicionar a mi mamá compartiendo uno de sus secretos culinarios o elixires de vida:

(para 4 pacientes no inapetentes)

7 decilitros de potaje de chícharos (ya listo)

4 huevos duros

2 decilitros de leche entera

4 decilitros de picadillo (ya cocinado)

3 decilitros de chicharritas o mariquitas de plátano

Mezcle todas las partes con una licuadora de mano, segundos antes de servirla, para que las chicharritas se conserven crujientes. Me gusta ponerle cebollitas asadas por encima para realzar el sabor.

Recuerden consumirla sólo cuando se hagan los enfermos o cuando lo estén de verdad. Les deseo una pronta cura.

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4 pensamientos en “Levanta muertos

  1. Te recomiendo veas la película Bonne apetit. Es sobre una cocinera y la forma de preparar los platos y de presentarlos te dejan con deseos de comelos.

    • Ya la veré. Disfruto mucho esas películas de cocineros. Incluso recuerdo “El diablo por la cola” con Ives Montand o “Sabrina” (Audrey Hepburn pasando el curso de artes culinarias en París.) sólo por esas escenas.

  2. Pues es cierto, de que levanta un muerto lo levanta. Mi abuela también me solía preparar un puré con chícharos y otras cosas más pero solo cuando el mal no era de estómago que, por desgracia, era el que siempre me tocaba. Esta preparación la dejaba para cuando la cosa era de la garganta o, el momento más memorable, cuando tuve una infección en un cordal que no podía masticar y me hizo uno tan rico que jamás lo olvidaré, aunque no llevaba las mariquitas. Ésta fórmula de tu mami me la guardo sí o sí. Ya me ha entrado hambre ufff. Un besito.

    • Magela: Mi mami y tu abuela se habrían llevado muy bien. Compartir secretos y recetas de cocina une mucho, sobre todo cuando hay excasez y hay que inventar tanto. Gracias por seguirme, seguirte a tí es un placer. Las fotos y tus descripciones son tan buenas que casi puedo oler tus platos. Continúa así. Besos!

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