DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

El muchacho y la muchacha

8 comentarios

El muchacho y la muchacha

He visto cientos de películas con Jorge Ybarra. Es dramaturgo y se las sabe todas frente una pantalla o un escenario teatral. Recuerdo la primera vez que se quedó dormido.
– Te has pasado toda el tiempo roncando. – al salir del cine no me pude contener.
– Mentira, la vi enterita. – todavía bostezaba.
– ¿Qué pasó, a ver?
– Al final el muchacho se quedó con la muchacha.
Con los años descubrí que Jorge cae en los brazos de Morfeo al menor asomo de que la historia llegue a un final feliz. Y lo entiendo.
Imaginen que Romeo se hubiera casado con Julieta, que Francesca de Rimini se hubiera escapado con su cuñado Paolo, que la monja Eloisa y Abelardo se hubieran metido mano sin que al teólogo lo castraran o que Bill Clinton hubiera renunciado a la política por Monica Lewinsky (esa mujer con la que tampoco yo tuve relaciones sexuales, pero de la que recuerdo el nombre) Nadie hubiera escrito sobre ellos. Serían olvidados.
Por eso prefiero los melodramones con finales inteligentes. Esos que hacen sollozar a las solteronas de mediana edad. Como “Cinema Paradiso” de Giusepe Tornatore, mi película favorita. Salen los créditos y a llorar. O clásicos como “Casablanca” de Michael Curtiz, “Nuestros años felices” (The way we were) de Sidney Pollack, “Johnny Guitar” de Nicholas Ray, “Los paraguas de Cherburgo” de Jacques Demi y la soviética “Cuando pasan las cigüeñas” de Mikhail Kalatózov.
Es mejor sufrir escondido en la oscuridad del cine que en la vida real. Prefiero llorar cuando Ilsa se la deja en la mano a Rick otra vez, al final de “Casablanca”, y hacerme el duro por la calle. Sin que la gente sepa que soy un llorón.
Debe de ser genético. En aquella época en que los programas cinematográficos incluían seriales del oeste, mi tío Guigo regresó a casa desde el teatro Antillana, en nuestro pueblo de Cruces. Lloraba de una manera terrible y nadie sabía por qué. El episodio duró casi un cuarto de hora, hasta que Guigo fue capaz de articular palabra: – ¡Que mataron a Buyones! ¡Mataron a Buyones!- Ese Buyones, en realidad Buck Jones, era el héroe de una serie de vaqueros. Los productores habían decidido terminarla con su muerte.
En ese mismo cine mi madre protagonizó otra escena tragicómica, viendo un dramón mejicano. Al final del filme, el personaje principal decidía abandonar el pueblo en tren con sus hijos. Evitaba contarles la muerte de su progenitora, de la que los espectadores habían sido testigos momentos antes, provocando una catarsis colectiva. Acompañado de los violines de rigor para tales trances, el niño menor preguntó ansioso en el andén:
– ¿Y mamá, no vendrá con nosotros? – Se hizo un silencio total en el Antillana. El público esperaba la respuesta del padre.
– ¡No m’ijito, no! – Gritó hacia la pantalla mi madre desde la platea, sinceramente emocionada. La tranquilidad de la expectativa masoquista se convirtió en carcajadas burlonas, en un lugar donde todos se conocían. A veces creo que mis padres se fueron a vivir a la Habana por culpa de la exclamación de mi madre.
A mí no me ha pasado nada ni parecido. Lloro en silencio y me quedo sentado hasta que se vaya todo el público. Entonces seco mis lágrimas sin que nadie me vea y salgo.
Funcionó con “Los puentes de Madison County” de Clint Eastwood y en “Philadelphia” de Jonathan Demme. Al final de “Brokeback Mountain” de Ang Lee, intenté hacer lo mismo pero nadie se iba después de terminar los créditos. Nadie se miraba. El cine continuaba lleno. Me atreví a mirar a mi alrededor y me conmoví aún más. Heterosexuales jóvenes, homosexuales viejos, mujeres y hombres.Todos estábamos llorando. Y es que esta película es la esencia del muchacho que no se queda con… el muchacho. El amor más imposible, el que tanto la geografía como la sociedad condenaban. Ennis del Mar y Jack Twist estaban sentenciados sin remedio a un final en que Jorge Ybarra no se dormiría. Y no se ha dormido durante las muchísimas veces que la ha vuelto a ver.

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8 pensamientos en “El muchacho y la muchacha

  1. Muchachos y muchachas, muchachas y muchachas, muchachos y muchachos: defiendan su amor como sea. Todos tenemos derecho a enamorarnos. Tuve un colaborador catalán y español hoy: mi amigo Isaías Fanlo. Todo un placer.

  2. Hermosa y emocionante “Cinema Paradiso”, entre todas las que citas, y alguna más cuyo nombre ahora no recuerdo.

  3. Fide, me encanto este escrito, que bueno. Que risa me dio lo de Jorge. La “Brokeback Mountain” solo la vi una vez… es demaciado fuerte, tragica y por desgracia una historia que me imagino pasa muchisimo en la vida cotidiana por la poca aceptacion de relaciones entre personas del mismo sexo…

  4. Gracias Santiago! Considero a “Cinema Paradiso” una obra de arte.

  5. Gracias por leerme Nina. A Jorge le parece que lo estoy convirtiendo en un personaje de ficción.

  6. No sé por qué me había saltado este post. Lo he leído ahora, mucho tiempo después de haberse publicado, y me ha encantado.
    Jorge es ya, desde hace mucho un personaje (quizás también de ficción), que sí tiene quien le escriba. Un abrazo para él y otro para mi blogger preferido.

  7. Mis memorias sobre el cine forman un capítulo aparte. Cine negro americano, comedias italianas de las décadas de 1960 y 1970, cine mexicano y argentino de 1940, cine francés de siempre, comedias musicales de Hollywood, de aventuras con Dougas Fairbanks y Errol Flynn, dramones con la Crawford o Bette Davis en primera plana. Ahora estoy descubriendo el cine cubano. Nos negaron su existencia antes de 1959 y ya ves, ahora está apareciendo por arte de magia.
    Gracias por lo de los abrazos y lo del blogger preferido. 🙂 En enero me daré un salto a Madrid para cocinar y pasear juntos. Y para contarnos cosas mientras los demás duermen a altas horas de la madrugada…

  8. Estoy haciendo una revisión de tus posts. Más vale tarde que nunca, no? Todas las películas que citas merecen un lugar destacado en el Paraíso del cine. En especial las que más me gustaron fueron Cuando pasan las cigüeñas y Cinema Paradiso.

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