DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Un disfraz para el Pico Blanco

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Mi Tía Nena y Esther, su pareja, vivían en la calle O, en los altos del Maraka’s. A unos pasos estaba 23, la calle más de moda en el Vedado, La Habana. Me quedaba los fines de semana con ellas. Sentado en la terraza de mis tías, escuchaba las descargas de feeling (filin) del Pico Blanco, el club del vecino Hotel Saint John’s. Los disfrutaba desde abajo. Tenía catorce años.

Me permitían estar despierto hasta muy tarde. A veces veía irse desde la terraza a José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz o Ángel Díaz, guitarras en mano.

Meses antes, después del bailoteo juvenil en una fiesta, dos guitarristas y una mujer cantaron. Parecía una controversia campesina, pero con boleros. Descarga emocional de filin callejero, urbano. Se me metió en la cabeza sentir lo mismo en la mata del género, el Pico Blanco.

No permitirían mi entrada a ningún club nocturno. Susana, nuestra amiga de siempre, ideó la manera de colarme en el Rincón del Filin: Disfrazarme de adulto. Valía la pena intentarlo.

Me vistieron con un traje gris. Corbata a rayas. Las gafas de modelo anticuado dieron el toque de madurez necesario. Un cliente de la fábrica donde trabajaba mi padre, maquillista de la televisión, le había regalado un bigote falso. Lo pegaron encima de donde crecía mi bozo adolescente.

Esther y tia Nena se acobardaron. Querían evitar el mal rato. En la comisión de embullo me escoltaron Efraín, ex esposo de Esther, dueño del traje que yo llevaba puesto; y Miriam Barranco, otra amiga de la familia, además de la entusiasta Susana.

Miriam, Efrain y yo parecíamos ir a un velorio. Susana sonreía con cara de cumpleaños, pero estaba tan nerviosa como los demás. Por suerte no habría más de cinco metros de una entrada a la otra.

El ascenso al piso catorce tomó una eternidad. Yo sudaba y Susana, temerosa de que se desprendiera mi recién estrenado bigote, secaba mi rostro con un pañuelito bordado.

Actúa con naturalidad. me dijo Efraín, engolando la voz como un galán televisivo. El bigote de Jorge Negrete tambien era falso y nadie creyó jamás que era lampiño.

No supe si era verdad o un invento suyo. Lo creí. Actué como el famoso mexicano. El portero ni siquiera nos miró. Entramos.

Mi padre había aceptado la aventura, con la condición de darse una vueltecita al otro día por casa de Esther. El menor rastro de aliento etílico en su hijo y se suspendían los fines de semana en el Vedado. Para no levantar sospechas mis acompañantes ordenaron cuatro jaiboles. El contenido de los vasos frente a mi fue desapareciendo, bebidos por ellos.

La idea de Susana había funcionado. A unos pasos tenía al Ronco de Oro, José Antonio Méndez. Aquello fue atravesar de mi niñez a la juventud. Una nueva manera de sentir la música era la puerta.

El llamado movimiento del filin comenzó en la Cuba de los años cuarenta, en el callejón de Hammel. En la casa de Tirso Díaz, el trovador padre de Ángel. Jóvenes bohemios que habían crecido con el cubanísimo guaguancó, escuchaban a Ella Fitzgerald, a Nat King Cole y a otros intérpretes norteamericanos. Mezclaron ambas cosas y empezaron a cantar con intimismo, marcando pausas y silencios. Dialogando con el público, haciéndolo partícipe de sus confidencias.

Unas décadas después, yo, con los ojos más abiertos que un sijú platanero, me extasiaba con tres mitos de la música cubana. No me perdía un solo gesto de los creadores del estilo: Portillo de la Luz, Ángel Díaz y José Antonio.

Pasada la medianoche percibí un rumor de admiración. Habían llegado Elena Burke y Froilán Amézaga con su guitarra. El Ronco de Oro le hizo un gesto con la mano. La Señora Sentimiento y su acompañante, tomaron dos sillas. Elena comenzó descargar con “Tú, mi delirio.”

Yo me había enamorado por primera vez, con esa intensidad sólo posible a esa edad. Cada canción, cada frase eran como una conversación con el objeto de mi obsesión. ¡Y en la voz de Elena o del Ronco de Oro!

Casi a las tres de la mañana, la hora del cierre, llegó Martha Valdés. No la conocía, Efraín me explicó quién era: Te va a gustar. —Cantó “Llora” a dúo con la Burke. Sentí como si la hubiese compuesto yo mismo. Y las siguientes, tambien.

Cuando nos íbamos, el portero me detuvo con un gesto. Miró a mis amigos ofendido. Pareció que iba acomenzar a discutir, pero se encogió de hombros y sonrió. No habíamos notado que el lado izquierdo del bigote se había soltado.

Fin de la aventura sin bajas ni heridos. Debut y despedida, por si acaso…

Seguí escuchando desde abajo durante años, hasta que me hice suficientemente mayor y pude volver sin necesidad de disfrazarme. La magia se había perdido. Algunos llegaban tan borrachos, que desafinaban. Otros habían perdido la voz con la edad. José Antonio había muerto en 1989. Ahora cantaban sones, guarachas y cha cha chas.

Preferí quedarme con el recuerdo y aquel bigote falso que Negrete envidiaría. Los días de gloria del Pico Blanco habían terminado. Los del filin no terminarán mientras exista un cubano romántico, por lo que merece otros escritos.

 

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28 pensamientos en “Un disfraz para el Pico Blanco

  1. Yo jamás hubiera podido pasar por adulta. A estas alturas de vez en cuando me preguntan al teléfono por una persona mayor en casa. Jeje. Me encanta Elena Burke y con César Portillo me pasa que prefiero oír sus maravillosas canciones en voz de otros, pero son de una época genial todos, sin lugar a dudas!

  2. Lo cómico es que yo siempre parecí más joven de lo que era. El bigotón y el disfraz funcionaron. Las canciones de Portillo de la Luz son preciosas, tambien las prefiero cantadas por otros. José Antonio Méndez es otra cosa. Recuerdo que tenía de muchacho un disco de Lucho Gatica cantando “Si me comprendieras”, era una copia del original del Ronco de Oro. Lucho Gatica llegó a Cuba como bolerista y salió como “filinista”. En los años que vivió en nuestra islita bebió de las fuentes del filin. Y el pudin? 🙂 Sólo escribir su nombre me da hambre… 🙂

  3. Me has removido los recuerdos de mis años mozos. Gracias mil por ese viaje al pasado. Parece que al final tiene la razón el refrán: “Cualquier tiempo pasado fue mejor”.

  4. No hay bigote más cinéfilo que el que se despega 🙂 Me encantó. Lástima que no se puede ver el vídeo de José Antonio Méndez, dice que youtube ha desactivado su inserción. El de la Burke sí se ve y escucha bien. Saludos.

  5. Muchas gracias, por que te haya gustado y por señalarme lo del video. Lo sustituí por otro, este me parece mejor, pues Bola de Nieve explica cosas sobre el filin, al principio y al final. No lo había visto y me emocionó verlo. Espero te guste. Saludos.

  6. Recuerdo que te gustaba mucho ir a casa de Esther y Tía Nena. Eran dos seres muy especiales. En el presente tú y yo hemos paseado juntos Roma, Egipto, Helsinski y Barcelona, sin contar todo los buenos momentos que hemos disfrutado en la bella Estocolmo. El pasado está bien, pero el presente será pasado en el futuro. Qué galimatías! 🙂

  7. De nada, pasar por tu blog es como estar en casa de la familia. Hermoso bolero de Bola de Nieve. Saludos.

  8. hola amigo, a mí tb me removía la envidia hacia los que podían subir a la terraza del saint john’s pero nunca pude entrar en esa época, es una pena que respecto de lo que contaban algunos mayores aquello decayera luego tantísimo, saludos

  9. hago un aporte que no sé si te envié en su día y fué la sorpresa que me llevé viendo la serie de AMC “breaking bad” en el episodio s03e06, y que cuando terminó de sonar la canción estaba llorando como un tonto sobre todo porque no me lo esperaba, este es el enlace http://www.youtube.com/watch?v=eocS29PnwcU

  10. No tengo nada en contra del cha cha cha, las guarachas y la timba, pero si a un lugar le dicen El Rincón del Filin es para que justifique el nombre. Quizás ya no queden filinistas y todos se hayan convertido en reggaetoneros. Por suerte está Youtube, para alimentar la nostalgia. Gracias Argimiro, por compartir.

  11. Argi: Estó es oro molido, la serie siempre se ha merecido mi respeto, opino que es muy atrevida. No he visto este capítulo. Crecimos escuchando a Los Zafiros y quizás no los apreciamos en su época. El tiempo pone todo en su lugar. Eran unos campeones. Otro abrazote!

  12. Muy bueno tu articulo del Pico Blanco donde capturas la magia inherente a ese espacio inigualable….. Felicidades Rotulista…..

  13. Un orgullo para mi tener por aquí a uno de los mejores fotógrafos que ha dado Cuba. Mi jefe por mucho tiempo y mi amigo por más. Un fuerte abrazo del rotulista!

  14. Casi nunda digo nada, pero hoy hago excepción. Tus memorias tienen magia en sí mismas, pero tu forma de narrarlas no las desmerece. De vez en cuando me siento a leerte con tiempo y dedicación, y me pongo al día. Y lo que leo es siempre maravilloso. Gracias.

  15. Patricia: Me siento honrado por tu comentario, conmovido. Nunca creemos que las cosas que contamos son suficientemente interesantes. Es a tí a quién debo agradecer. Un saludoy mis mejores deseos.

  16. Me gusta esa evocación de tiempos pasados y vividos que haces. Quizás, como vehículo perfecto para hablar de una música que sientes como trozos de recuerdos.

    O quizás simplemente sea todo lo contrario y los recuerdos sean música. La vida es cambiante y la mente suele divagar sin llegar nunca a elegir una orilla u otra. O simplemente te quedas con las dos…En realidad, seguramente podrías hacerlo. Cuidate

  17. Desde pequeño me acompañó la música. Mi padres, tíos, abuelos… no podían ni pueden vivir sin ella. En los momentos tristes, felices, nostálgicos o de rabia. Siempre la música y siempre los recuerdos que se le pegan.
    Parecería absurdo pero de Silvio Rodríguez y Led Zeppelin, hasta Puccini y Chet Baker, desde Elena Burke y Beny Moré hasta Lecuona y la zarzuela española, todos me desencadenan la memoria. Como si a la madalena de Marcel Proust la hubieran metido en un pentagrama.
    No me queda más remedio que quedarme con las dos orillas…

  18. Sabes me viene a la memoria algo de cuando vivía en la habana….Algo mas abajo de la sociedad arabe, casi llegando ya al malecón había un palacete que sin duda observo mejores tiempos.

    Allí vivía una familia que conocí de casualidad. El hombre había vivido toda su vida allí y aunque el sitio estaba bastante deteriorado, todavía conservaba cierto esplendor. Por esas cosas de la vida no se había ido fuera y trabajaba en un museo.

    Tenia una colección impresionante de opera que ponía en una gramola perfectamente conservada. Discos originales todos, incluido la colección completa de Caruso. Imagino que valdría una millonada ya que debían de ser primeras ediciones. Mas de 200 tenia de el y bastantes mas de otros clásicos.

    Se apellidaba Velo, por lo que contaba debía de ser una familia en tiempos importante. El caso es que se sentaba allí, ponía los discos y evocaba otros tiempos. Aunque la opera no me entusiasmaba, me gustaba oírle contar historias de bailes y de que cuando daban fiestas, los coches llegaban hasta el capitolio

    Un buen tipo con el que pase muchas tardes, una familia encantadora la verdad. Que disfrutaba tanto escuchando la música, como recordando otros tiempos. No se por que, pero tus post muchas veces me recuerdan a el. En realidad si se por que…….Cuídate

  19. Plared, amigo:
    En los treinta y cuatro años que viví en Cuba, conocí muchas familias como las de los Velo. El síndrome “Los Sobrevivientes” de Tomás Guatierrez Alea. (El angel exterminador de Buñuel) Escuchaba a los que contaban con nostalgia, no a los que narraban con una rabia autocorrosiva.
    La familia de mi padre y la de mi madre tenían posiciones muy distintas al respecto, al final mis razones coincidieron con las de mi progenitor y aquí estoy.
    Llevo veinte años en un país que quiero mucho, pues me ha dado posibilidades de crecer como ser humano y sentirme respetado. De “mi encarnación sueca” tengo tambien muchas cosas que decir y lo haré por aquí.
    “El amor, madre, a la tierra, no es el amor ridículo a la tierra que pisan nuestras plantas…” puso José Martí en boca de Abdala. Lo que amo de mi islita atormentada son los recuerdos de familiares y amigos, los platos hechos por mi madre, la música y las anécdotas que me hipnotizaban, como las películas que con tanta poesía y pasión cuentas en tu maravilloso blog.
    Gracias por compartir la historia de Velo, realmente me conmovió.

  20. Lo hacia con añoranza, la del que perdió algo. Pero bueno, al igual que tu, lo que me gusta de esa isla son los recuerdos,, Mi juventud paso allí y ya sabes…Terminando los cuarenta añoramos donde fuimos felices……

    Y mi opinión sobre la situación de allí, es la misma que cuando me preguntaban algunos incluso de los que mandaban en los tiempos en que residía allí. Ante el plato vació, la ideología se diluye.

    Nunca nadie pudo contestarme a eso.y tampoco nadie me dijo nunca que no lo dijera. Cuidate

  21. Muy de acuerdo contigo. Saludos.

  22. Gracias Erik, me comformo con sólo una palabra…

  23. Querido Ernán Dezá: Yo te llamaria como acostumbro, dijo La Lupe…. pero me encanta tu nombre de guerra. A principos de los años 80, todavia se podia se podia disfrutar en el Pico Blanco de las grandes voces del filin. Tuve el privilegio de ver y escuchar, en más de una ocasión, a los grandes por ti mencionados, ademas de Moraima Secada y Cesar Sarracén.
    El filing es un estilo interpretativo que te penetra, te llena, te hace gozar; y si es cantado, como dijo alguien, por la reina del Parnaso de la musica cubana: Elena Burke, es todo un orgasmo tántrico.

  24. Escuchar a Elena, sobre todo en vivo, fue uno de mis mayores placeres como espectador. Un abrazo, Castellanos, sigue usted bailando bien…

  25. Acabo de recordar que fui alguna vez al pico blanco o igual tenia otro nombre, pero si estaba justo donde dices. Era un sitio bastante oscuro y deteriorado, imagino que nada que ver con el que tu recuerdas. Cuidate

  26. En el primer piso del Hotel estaba el Lobby Bar o algo por el estilo. Allí descargaba Bobby Carcassés, una mezcla de jazzista y showman. El Pico Blanco está en el último piso, el catorce, si no me equivoco. Se ha convertido (sorpresa) en un antro para jineteras y turistas, donde se baila reggaetón y timba grabados. Nunca fue arquitectonicamente atractivo. Una caja de zapatos por dentro, pintada de blanco y con ventanales. Lo recordable es el talento que agrupaba en ciertas épocas. Saludos otoñales.

  27. Si, antes hacían allí sesiones de jazz. y ya andaba de capa caída. Ahora en fin, digamos que el hotel tampoco es de los que marcan tendencia.

    Para quedar como señores, digamos que el local es justamente lo que el hotel parece………Cuidate

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