DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Las alturas de Simpson

15 comentarios

Estanislao León era veterano de las Guerras de Independencia. El último tío vivo de mi abuela materna. Un solterón de ciento tres años. Yo sólo tenía doce. Me gustaba ponerle los discos de Mariano Mercerón, Barbarito Diez y la Orquesta Aragón en su tocadiscos Zenith. Las memorias le venían a la cabeza con rapidez. La música y la fotografía fueron sus dos únicas novias, aseguraba.

La culpa de todo este lío con la paternidad del danzón la tuvo Acerina… De todas formas el danzón no es ni cubano ni mexicano, es español.

Con todo mi respeto. ¿De dónde sacó usted que el danzón es español? ¿Y ese Acerina quién es?

Preguntó mi abuela Nené a Laíto, como le decíamos a Estanislao. Nené lavaba la ropa blanca en el patio y escuchaba atenta nuestra conversación. Traíamos al anciano los fines de semana desde el cercano asilo Santovenia. A veces, mi padre me dejaba en el hospicio cuando pasaba por allí camino del estadio, a ver el beisbol, a consumir su dosis de pelota diaria durante la temporada. Laito me hipnotizaba con sus cuentos de daguerrotipos, independentistas, músicos y políticos hasta que papá regresaba a recogerme, terminado el juego.

Aquél mediodía de domingo estábamos todos en casa. El veterano sonrió y me palmeó un hombro. Olía a colonia Old Spice, no sabíamos de donde la sacaba. Tenía puesta su guayabera descolorida y almidonada. Un lacito rojo al cuello y el sombrero de pajilla sobre la rodilla. Voz de gallito ronco, como si hubiera vuelto a la adolescencia después de vivir tantos tiempos.

Lo contaré todo. Y tú, ten paciencia, mi aprendiz de curioso. —así me llamaba — Mi padre me llevó a Matanzas con él, a fines de 1878. Mi hermana Santiaga, la madre de tu abuela, era una entusiasta bailadora de contradanzas. Cuéntame que se baila por allá, me encomendó tu bisabuela. Yo tendría tu edad y nada entendía de danzas ni del protocolo de los salones. Poco habré de contarte, respondí. Me equivocaba.

Escucha bien, que te van a narrar algo importante.interrumpió abuela, conocedora de la anécdota.

Salimos a cumplir la diligencia que nos llevaba a la Atenas de Cuba. Andábamos el callejón de Gumá, cuando escuché una música diferente. Me adelanté corriendo y miré a través de las rejas de una villa. La curiosidad es una dama caprichosa. Nunca mis oídos habían captado una melodía con aquel ritmo. Más lento que la contradanza, con una cadencia diferente.

A mamá Santia le daban sofocos por bailar las contradanzas. Eran demasiado rápidas pa’ este país tan caluroso. Y más con tanta tela, corset, miriñaque, polisón…abuela enriquecía la historia con su toque femenino. —Las parejas no tenían tiempo para hablarse ni romancear. Las chaperonas vigilando. Hubo que inventar un lenguaje secreto al abanicarse. Si movías el pericón de una manera significaba una cosa, otro movimiento y decías si o no. Además en los carnet de bailes se dibujaban símbolos. Tú los has visto

Claro, nos los enseñaron las Torres.

Eran dos vecinas que vivían en una verdadera casona colonial, con cochera, patio central con fuente y jicoteas. Mi hermana y yo nos pasábamos horas con ellas, mientras nos mostraban curiosidades de su juventud. A veces nos disfrazábamos. Yo con un terno rallado, cuello de pajarita y sombrero de bombín, mi hermana con vestidos de tejido descolorido y abanicos que aprendió a abrir y cerrar con coquetería. De su muñeca colgaba un carnet, donde se anotaban las parejas para cada pieza. Los de Asunción, una de las dos hermanas Torres, estaban repletos de nombres cómicos para nosotros: Aniceto, Remigio, Hermenegildo, Ruperto…

Volviendo a Matanzas y el callejón de Gumá: cuando papá me alcanzó venía sonriendo. Laito retomó la batuta. La reja a la que me había agarrado para escuchar, era la de la casa a la que íbamos. Coincidencia divina. Allí vivía el conde Bellido Luna. Nunca supé que llevaba a mi señor padre allí, meterse en asuntos de adultos era prohibitivo para los niños. Me dejaron sentado en un pasillo desde donde se veía la orquesta. Varias parejas ensayaban algo que me pareció atrevido para la época. Enlazaban sus cuerpos y se tocaban las espaldas. De vez en cuando descansaban, guiados por un cambio en la melodía. Paseaban del brazo, conversaban, las mujeres se abanicaban. El timbal y el güiro marcaban el ritmo, reemprendían la danza. Después supe que la orquesta era la de los hermanos Failde, con el cornetista Miguel al frente. Interpretaban una pieza dedicada a ”Las alturas de Simpson”, los terrenos del americano Louis Simpson, donde Miguel jugaba el beisbol.

¿Ya se jugaba pelota entonces? A mi padre escuchar la palabra beisbol lo desordenaba. Aún lo desordena a sus ochenta y tres años.

Los negocios (el contrabando) con las trece colonias nos habían acercado mucho a lo que después se convirtió en los Estados Unidos. Algunos criollos que regresaron de su exilio norteamericano después de la primera Guerra de Independencia nos trajeron el anexionismo, los daguerrotipos y el beisbol. Pero sigamos con el danzón y mi aventura. Problemas con el tren nos dejaron varados. Papá decidió que navegaríamos a Nuevitas, regresando días después de lo planeado. Hubimos de pasar el fin de año en Matanzas. Impresionado por mi interés por la música, Bellido Luna nos invitó al club de la ciudad la primera noche de 1879. No se permitían infantes, pero hicieron una excepción conmigo. Lo volví a ver todo sentado en un rincón. Una fiesta de fausto incomparable. Alegría y jolgorio, como si diez años de luchas libertadoras no hubieran mellado la hilaridad de los matanceros. La mayoría de los bailadores eran mulatos o gente de color, libertos o nacidos libres. Habían formado una clase social nueva. Fuerte económicamente.

Antes dijo que el danzón era español. —Esta vez fui yo quién interrumpió. Laito soltó una carcajada.

¿Se te olvidaron tus clases de historia? Cuba no existió como país hasta 1902. Cuando se estrenó oficialmente el primer danzón, éramos una provincia de ultramar de España.

¿Entonces usted tampoco es cubano, si no español?

¡Niño! Esta sangre que corre por mis venas es cubana, desde muchas generaciones antes de la mía. Tu tienes de canario por parte de tu padre, pero por el lado materno, incluso de los Ávalos, todo en nosotros es cubanía.

Me sentía orgulloso de aquella aclaración, pero tuve dudas en algo más.

Usted dijo que el danzón se estrenó oficialmente…

Ahí se complica sobremanera el asunto. El compositor Manuel Saumell había escrito ”La Tedezco” antes. A mí no se me parece en nada a un danzón, pero algunos señalan tal habanera como precursora del género. La Orquesta de los Faíldes llevaba tiempo tocando cosas por el estilo, pero no le gustaba a las autoridades ni a la aristocracia española. En el barco que nos llevó después de regreso, (casi fue el bajeo a la isla y me aburría) recuerdo haber leído el periódico ”La aurora de Yumurí”. Hablaba horrores del baile, tildándolo de ”cosa de negros”. Creo que con el danzón, entre otras cosas, se estaba cocinando una cultura criolla que le molestaba a los colonialistas. Eso me llamó mucho la atención.

Mamá siempre narraba con el entusiasmo que regresó usted de Matanzas, contándolo todo con el mínimo detalle. A partir de entonces quiso aprender a bailar. A Nuevitas no había llegado ninguna orquesta que tocara danzones. añadió mi abuela Nené.

Así fue. A nuestra vuelta, doña casualidad vino a desempeñar su juego. En el baile donde se estrenó el danzón un señor nombrado Gaspar Hernández, del Liceo de Matanzas, nos pidió lleváramos una carta a un pariente lejano suyo. A Chiche Raya, que era como se conocía a Andrés Hernández.

Mi padre. —aclaró abuela.

Chiche Raya nos fue a visitar en Nuevitas para recoger la misiva. Se quedó prendado de mi hermana Santiaga. La cortejó largo tiempo, como era usual en aquella época. Disfrutaron de unos años de juicioso noviazgo. Se casaron. Tuvieron ocho hijos, entre ellos Nené. Gracias a Miguel Failde y a su danzón “Las alturas de Simpson”, a mis caprichos y curiosidad adolescente existen los Hernández León y por ende tú, mi aprendiz de curioso.

Todo muy bonito. ¿Pero y Acerina y México?

Después que nos comamos ese arroz con pollo a la chorrera que acaba de cocinar tu madre, te lo contaré…

…continuará 

Anuncios

15 pensamientos en “Las alturas de Simpson

  1. Ya no me quedan adjetivos para acentuar lo que me gusta de tus escritos.

  2. Interesante, Fidel. Tengo una curiosidad, ¿por qué se anotaban los nombres en el carné de baile? ¿Sólo los llevaban las mujeres?

    • Gracias, Santiago. El carné traía una lista, con el número y orden de piezas a bailar, enumeradas. En la lista se escribían los nombres de las parejas masculinas, pieza por pieza. Sólo los llevaban las damas. Era más elegante que no repitieran acompañante o pareja. La moral de la época tambien lo exigía. Las chaperonas podían revisarlos y comprobar su uso correcto. Asunción e Isabel Torres donaron sus cosas al Museo del Cerro en la Habana, antes de morir. La directora es mi amiga de la infancia y me contó que terminaron en buenas manos.

  3. Música, algo de historia y ante todo recuerdos…Grata combinación. Cuidate

    • Tengo dos amigos cubanos aquí, entre, por suerte, muchos otros: Maria Llerena y Jorge Ybarra. Ella bailó en Tropicana y es una mulata que quita la respiración. Él, un buen dramarturgo. Verlos bailar juntos el danzón, a pesar de que hace mucho rato pasaron la Media Rueda, es un placer sibarita.
      La causa de mi fascinación es la aficción que tengo desde niño a escuchar las narraciones de las personas mayores, oír discos con mucho scratch y ver peliculas en blanco y negro.
      Gracias, Plared. Saludos.

  4. Estoy enganchadísimo, me muero por saber como continúa!

    • Erik: Habrá que esperar al lunes. La entrada casi está completa: Adelanto que será un poco triste. Muchas gracias por engancharte. Y un abrazo.

  5. Excelentes imágenes de Cuba, excelente música, pero sobre todo, excelente narración. En verdad, gracias por compartir todo esto. A Acerina no me lo trates tan mal que con él escuché mi primer danzón: “Rigoletito”. En espera de la siguiente entrega te mando un fuerte abrazo, Luis

    • Luis: Acerina se merece mi respeto y el de todos los cubanos, igual que nuestra hermana México. Mantener el danzón, adoptarlo como un hijo al que se quiere mucho, cuando ya casi nadie lo baila en Cuba, es de agradecer. Gracias y un fuerte abrazo.

  6. He podido leer por arriba tu crónica porque sigo con el tiempo contado, pero vuelvo a por él enseguida que me vaya a la cama esta noche, a soñar con danzones y contradanzas. Un beso

  7. Reblogged this on We are Anonymous and commented:
    Ich bleibe, Ihr Blog Now. Grüße! ! 😃👍

  8. Hola, buen día. Tu narración está muy conmovedora me gustaría platicar contigo, estoy escribiendo un libro y me interesa mucho tener una charla contigo. Quedo a tus mas finas atenciones. Felicidades por la historia que nos compartiste.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s