DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Un gallo para San Isidro. Parte I

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YARI1

                                            De pie: José Basterrechea, sentado: Alberto Yarini.

Mis padres habían regresado hacía un rato de ver ”Requiem por Yarini”, fascinados con la obra teatral de Carlos Felipe. Esther, la pareja de mi querida tía Nena, los había invitado.

Al protagonista de la pieza, a ese Alberto Yarini, lo conocí en carne y hueso. Estuve en su entierro. En la historia de Cuba, sólo se podía igualar en concurrencia al de Rita Montaner, Eduardo Chivás y Beny Moré.

Tio Laíto, no lo creía de esos que visitan tales lugares… mi abuela abrió los ojos con desmesura. Mis padres parecían admirados.

Rita y el Beny eran artistas, Chivás y Yarini, eran políticos o al menos así el Partido Conservador justificó su fastuoso sepelio. ¿A qué lugares te refieres?

Bueno… Yarini no era conocido por la política, si no por guayabito. —acotó abuela.

En mi generación un guayabito o ratoncito era un cobarde, en la época de Yarini y su barrio de tolerancia de San Isidro los guayabitos eran los chulos o proxenetas. De pequeño había preguntado que eran, en la escuela nos habían hablado de la prostitución y la corrupción en la República. Ya andaba por mis catorce años, suficiente para saber que eran una puta y un chulo. Mi hermanita no, por eso la habían mandado a jugar a las muñecas en el patio. El resto de la familia se abanicaba con pencas de guano en el portal. El calor de agosto no disminuía ni chupando mi durofrío de limón. Lejos se escuchaba la voz del dictador, chillando un discurso interminable en alguna radio.

Nunca me hizo falta asistir a esos antros, sobrina. Siempre he respetado mucho a las féminas y a mí mismo.

¿Es verdad que había tanta prostitución en L’abana? indagué.

N’ombre, no. Esta urbe era la Llave de las Américas, todos los barcos, camino a Europa. África o al Norte, tenían que transitar por aquí. Como en toda ciudad portuaria había burdeles, siempre concentrados cerca de los muelles. Han exagerado mucho con eso de los clientes norteamericanos. La asistencia era esencialmente cubana y de marineros de todo el mundo.

Por favor, cuente como conoció a Yarini, Laito. insistió mami.

Yo era paciente y conocido de su padre, el profesor de Odontologia Cirilo Yarini. Corría 1909, el Partido Liberal al poder con José Miguel Gómez, el Tiburón, fungiendo de presidente. Yarini y yo simpatizábamos con el Partido Conservador.

Toda una clase de historia. —mi viejo ironizó.

Estoy tratando de orientarme, sucedió hace más de sesenta años. Recuerdo que Cirilo me había empastado una muela cuando entraron dos jóvenes al gabinete. Muy atractivos los dos, vistiendo con elegancia exagerada. Habría jurado que los unía más que la amistad. En las Guerras de Independencia muchos mambises hombres se habían encaprichado sentimentalmente entre ellos. Me pareció adivinar tal ligazón entre los dos. Quizás me equivoqué, se contaba que eran abakuá y para serlo no se puede pertenecer al otro bando. Yarini me los presentó como su hijo Alberto y su mejor amigo, Pepito Basterrechea, un pichón de vizcainos.

Apartando lo de los abakuá, que yo en cosas de religiones no me meto. ¿No decían que Yarini tenía cuatro mujeres en su casa y las complacía, a cada una, dos o tres veces al día? Preguntó mi madre, mirando extrañamente a mi viejo.

Lo cortés no quita lo valiente… ¿Ocho o doce veces diarias? No creas esos cuentos, sobrina. Laíto hizo una seña cómplice a mi papá, los dos sonrieron Esa fama de hombre a todo entre la gente del barrio era muy importante en la política. Lo había hecho popular en demasía. La gente del Partido Conservador, muy despierta, ya le había prometido un cargo de consejal.

¿Porqué le pareció que había algo entre Yarini y Basterrechea? Nunca había oído hablar sobre ese particular. —preguntó abuela.

Basterrechea se me acercó, me dijo que tenía los ojos del mismo azul de los de su madre y me preguntó si era vasco. Una pregunta inocente, pero noté la reacción de Yarini. Parecía estar marcando territorio. Casi me asusté, conocía la fama de irascible del proxeneta. Traté de confraternizar y me dirigí a él, demostrándole respeto. Le conté haberlo visto en el salón de baile del Manzanares y celebré sus habilidades como danzonero. La conversación marchó por ese derrotero y luego por la belleza de su famoso caballo blanco, con el que abría los defiles de los conservadores, haciéndolo caracolear con destreza casi circense. Mi táctica adulatoria evitó el conflicto en ciernes.

¿Lo vió una sola vez? Y yo que pensé que habían sido amigos.

Coincidimos varias veces después de eso, compartíamos la pasión por el danzón, aunque confieso que yo era mejor bailador. En una memorable ocasión nos encontramos en El Cosmopolita, un restaurante de la acera del Louvre, frente al Parque Central. Nos saludamos a la entrada. Me esperaban unos amigos, ya acomodados. Yarini se sentó en una mesa frente a la nuestra, con un hombre de piel negra como culo de caldero, al que él y sus acompañantes escuchaban con respeto. Yo no podía oír la conversación, a mis espaldas un vozarrón desconocido tronaba en inglés. Decía que no le gustaba Cuba pues cualquier nigger entraba a un lugar respetable y se sentaba entre blancos. Pensé que el mejor contragolpe era ir al grupo de Yarini, a saludar con un elegante apretón de manos a toda la concurrencia, extremando mi deferencia con el moreno.

Pero el Rey de San Isidro no llegó a la misma conclusión… interrumpió abuela Nené.

Yarini había vivido en Nueva York como yo, tambien comprendió el comentario. Se levantó y se dirigió al yankee. El extranjero terminó con unos cuantos puñetazos en la cara y la mandíbula dislocada. Resultó ser el cónsul o alguien importante, eso no lo recuerdo. Se rumoreó que el moreno era el general mambí Florencio Salcedo o el mayor Jesús Rabí. No sé quién era, un héroe más de las guerras de independencia que merecía admiración, como aclaró el rey de los chulos en perfecto inglés antes de atacar al americano. Yarini, raro en un Conservador, no era nada racista. Mantenía una docena de antiguas esclavas africanas, muy ancianas ya, que habían comprado su libertad vendiendo servicios amatorios. Y repartía dinero entre los necesitados, tuviera el color que tuviera su pellejo.

Suena como un político de verdad, voy a terminar creyéndole que era un patriota. —papi volvió a meter la cuchareta.

Siempre sospeché que en aquél acto de ira en El Cosmopolita había algo de calculado. No me gustaba Yarini, todo en el parecía falso. Su conversación, sus maneras… No tenía porque vivir de las mujeres, provenía de una familia adinerada, pero poseía una casa de meretrices en la calle Picota y convivía con cuatro en la suya de la calle Paula. Demasiadas faldas bajo su autoridad. El típico complejo de Don Juan que definía Freud.

¿Porqué lo mataron tan joven? esta vez pregunté yo, montado en la baranda del portal, imaginándola un caballo blanco como el del gallo de San Isidro.

Existía una rivalidad tremenda entre los guayabitos cubanos y los apaches, como le decían a los chulos franceses. El más importante de ellos, Louis Letot, había traído de Francia a una bellísima rubia, la petit Berthe. La mujer sonsacó a Yarini y terminó viviendo con él. A nadie se le olvida la frase del galo cuando el criollo se le acercó boconeando su conquista. «Yo vivo de las mujeres, no muero por ellas.» filosofó Letot y dejó zanjado el episodio. Lo que pasó con posterioridad no está muy claro, algunos dicen que los otros apaches lo azuzaron, otros que los del Partido Liberal les pagaron. Lo cierto es que un día los hombres de Letot le hicieron una emboscada a Yarini, le dispararon varias veces desde las azoteas de Compostela y San Isidro, en una trampa en la que actúo como señuelo una de las hetairas al cuidado de Alberto. Basterrechea dió por muerto a su camarada y antes de huir aterrorizado, ejecutó de un solo tiro en la cabeza a Letot. Yarini no falleció en el acto, en el hospital a donde lo llevaron le dio tiempo a redactar una confesión, exonerando a Pepito, diciendo que había disparado él mismo al apache. Lo que aumenta mis sospechas, aunque podía haber sido simple fidelidad amistosa.

¿Entonces, usted cree que la reputación del más macho entre los machos cubanos, es sólo una leyenda?

No me malinterpretes. Yarini era un chulo poderoso y popular, se acostara con sus mujeres o no. No es cosa de hurgar en sus calzoncillos o los de Basterrechea. Creo que la gente inventa detalles, los aumenta o disminuye a su conveniencia. Era un problema de orgullo nacionalista, proxenetas del patio contra forasteros. Letot y Yarini se convirtieron en símbolos. Era el chovinismo que despuntaba en un país recién nacido. La gente necesita héroes y si no los hay los inventa, aunque tenga que salir de lo más corrupto. El barrio de San Isidro era la depravación total. Lo sanearon en 1913, tres años después de la muerte de Yarini.

Conocí la zona de tolerancia de Colón cuando vine a estudiar a la Habana, en los años cuarenta. —confesó mi padre.

Eso fue lo que hicieron, cerraron San Isidro y abrieron Colón, sólo un cambio geográfico. Es lo que han hecho, hacen y harán siempre los políticos, desde la época de la cacareada democracia griega y el senado romano. pareció callarse para escuchar la radio lejanaAllá los guanajos que crean sus discursos.

Ya es hora de cambiar la conversación y hacer una limonada bien fría. Basta de gallos, gallinas, guanajos y podredumbre. Abuela se levantó y caminó a la cocina.— Ayúdame a picar el hielo, Ernancito.

¿Y porqué vivían aquí tantos chulos y prostitutas franceses? —indagué antes de salir corriendo para alcanzar a Nené.

Te daré cuatro pistas a seguir, aprendiz de curioso: canal de Panamá, ingenieros franceses, fiebre amarilla y Nueva Orleans. ¿Adivinarás? Tienes hasta mi próxima visita para hacerlo. Si lo logras, te contaré porqué en esta isla usamos la palabra bayú para nombrar los prostíbulos. Tiene mucho que ver con la respuesta.

continuará…

Alberto Yarini y Ponce de León (1882-1910)

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21 pensamientos en “Un gallo para San Isidro. Parte I

  1. ¿Sabes Ernán?, tu texto es un auténtico durofrío de limón, refresca el pensamiento. Si hubieras escrito en el XIX, tus textos estarían en mi estantería al lado de los de Larra, Galdós, Clarín o Wenceslao Fernández Flórez. (prometo que no es adulación). Creo que definitivamente te pondría al lado de Fernández Flórez. Abrazos y tequila.

  2. Ernán, cómo recuerdo tu comentario acerca de que ibas a escribir sobre esto! Pero no imaginaba esta novelita, esta joya. Yo a lo que comenta Ángel añado a Zola, pero en isleño, que debe de ser algo más grande.En serio, creo que el dibujante de Ardalén se perdió el encartar esto tuyo en su cómic sobre el viejito que soñaba ballenas y se quiso cubano -recuerdas? Allá había retratos de la prostitución en la Isla, pero no tan frescos como este. Aguardo la segunda (…y ningún problema si hubiera una tercera). Un abrazo!

  3. Bueno… es casi tan largo como todos los Episodios Nacionales juntos. 🙂 Me asustas amigo Ángel. Traté de usar el léxico de la época. Así hablaba Laíto, un personaje de carne y hueso al que me hipnotizaba escuchar. Y sus ideas eran muy parecidas a las de Fernández Florez, odiaba el comunismo hasta la médula, pero criticaba los abusos de ricos y poderosos.
    Me pones en compañía de tres de los favoritos de mi abuela. Y ahora me percato que tambien míos.
    Muchas gracias, amigo! Adulación o no, lo leiste completo y es una hazaña.
    Si quieres ver “Requiem por Yarini”, mal actuada y dirigida, pero bastante buen documento sobre la figura de Yarini puedes hacerlo en:

    http://cinematecacuba2.blogspot.se/2010/07/requiem-por-yarini_29.html

    Sobre el rey de San Isidro se han escrito varias obras de teatro, novelas, monografías, un sinfín de artículos. Todo un personaje en la Isla.
    Un abrazo cuidadoso, por la sacrolumbargia que provocó la caída y me tiene rabiando de dolor.

  4. Felicius:
    Tú y Ángel me han hecho más bien que mi cafe matutino (lo mezclo con polvo de canela y algo de nuez moscada, una cucharadita de vainilla al servirlo, en días festivos: ron, entonces lo llamo “rocío de cresta de gallo”)
    Con sinceridad: esperaba que a nadie le gustaría mi escrito sobre Yarini, Forma parte de una novela en gestación: “Daguerrotipo de León, con isla de fondo” sobre esa figura entrañable de mi familia, el centenario Laíto León. El solterón empedernido fue testigo de gran parte de la historia cubana, al menos en su nacimiento como Republica mediatizada por la presencia norteamericana, a quienes soportaba un poco más que a los soviéticos.
    Narro en primera persona y me fue bastante difícil encontrar su voz. Me basé más bien en autores cubanos como Miguel de Carrión y Alfonso Hernández Catá. Este último es conocido por haber escrito la primera novela sobre el tema de la homosexualidad publicada en castellano, “El ángel de Sodoma.”
    Con lectores como ustedes, uno se siente impulsado a escribir. Muchas gracias!

  5. Pues sí, sigue, no dejes de escribir. Además de la conversación, expresas tan bien el idioma y su riqueza. Un lujo; y si se lee en voz alta…

  6. Muchas gracias por el empujoncito cariñoso. Y eso que me gané un halón de orejas por parte de mis amigos. “Tienes errores con las peclas y se te salieron algunas tildes de cuando se acentuaban los monosílabos, Nadie te lo ha revisado.” No es que no les dé importancia a esos detalles. Mientras más limpio el escrito, mejor.
    Lo que me dices es de agradecer con aspavientos, llevo casi veintiún años “viviendo” un idioma que no tiene nada que ver con el castellano, con sólo tres tiempos verbales, sin casi modos ni conjugaciones algunas y donde ni siquiera existe traducción para la palabra ternura. Skype, facebook, twitter y en general Internet me han devuelto el IDIOMA, así en mayúsculas.
    Una vez más, gracias a las dos. A la Bovary y a la Claudell…

  7. Ernán,esto, además de un jugoso comentario,es una magnífica noticia,y esa novela tiene que ser realidad muy pronto! Aquí encontraría a un lector interesado y a un comentador dispuesto. Adelante,y sin posibilidad de marcha atrás! Un abrazo.

  8. ¿Quién no conoce a Yarini en nuestra tierra? La última versión de la historia alrededor de este personaje la vi en Los Dioses Rotos, la película de Ernesto Daranas, que aunque no me pareció la gran cosa, sí lleva la “leyenda” a la Cuba moderna. Revivirla otra vez, desde la experiencia de tu Laito y con esas pinceladas extras, es fascinante. Gracias mil y un beso inmenso

  9. Magelita: Tengo “Los dioses rotos” por ahí. No me he atrevido a verla.
    Yarini, una figura que no debería ser famosa, una especie de Al Capone cubano y se ha convertido en una leyenda, más fuerte con el tiempo. Cosa rara.
    A su tumba en el Cementerio de Colón van algunas muchachas a pedirle novios extranjeros que las saquen del país. Le ofrecen ron, girasoles y miel de abejas. Nuevas tradiciones de nuevas generaciones. Para un Yarini que es como si continuase vivo…
    Un quiero inmenso, mientras cocino arroz a la jardinera para el almuerzo! Gracias a tu receta!

  10. Bello artículo! Es curioso cómo el hampa y el amor se mezclan para construir leyendas en la imaginación popular… el equivalente cubano de Al Capone, y notorio proxenenta, se transforma un par de generaciones más tarde en la divinidad o santo al que las muchachas piden novio en busca de un mundo mejor.

  11. Gracias, Jose. Las leyendas se alimentan caprichosamente. Por eso el mundo se ha vuelto tan pragmático al descubrirlo. Patria, héroe, valentía, amor… son palabras que asustan a la mayoría. Ojalá éxito, político, prestigio, prostitución, apellido, billones, droga, ganador y poderoso pasaran la misma suerte. 🙂 Sin olvidar gato y ovillos de estambre. 🙂 Un abrazo

  12. Interesante, como siempre, Ernán. A la espera de la siguiente entrega 🙂

  13. Excelente como siempre!, ansioso de leer la próxima entrega, saludos desde calurosos días de neblina. Un abrazo, mucha suerte y éxitos

  14. Gracias Erik,
    Me atreveré más para la próxima, comprimí un poco la información y resulta un poco didáctico.: Creo que me voy a vivir a Lima en cualquier momento. Ayer se pasó nevando todo el día y la oscuridad está en todas partes. Veintiún inviernos son mucho para un corazón antillano….

  15. Gracias, Santiagazo. En ello estoy. Un abrazo!

  16. Que interesante. A veces recibo el correo de que hay un escrito nuevo, pero me paso días sin poder entrar. No lo borro tampoco como hago con los demás correos, porque sé que no me voy arrepentir de entrar en él. Enhorabuena, gracias por este blog, es una satisfacción leerlo.

  17. Muchas gracias, Nina. Una simple anécdota sobre un chulo se va enredando y se percata uno que es reflejo de su época. Necesitaría un montón de cuartillas más para poder explicarlo a mi manera, sin aburrir. Me alegra que te sientas a gusto leyéndolo y que saques tiempo del que no tenemos para leerme. Gracias otra vez y saludos para toda la familia.

  18. Que bueno tu “pedacito” de historia cubana. Y como he leído por ahí, tu estilo retrocede a una época de buena literatura. Sinceramente me ha encantado.
    Un abrazo mediterráneo.

  19. Hauska tavata, Tone Kihara, kiitos.
    Son “pedacitos” de la historia que no se enseñan en la escuela. 🙂 Me gusta meterme dentro de ellas y transportarme.
    Celebro que te gusten y muchas gracias por los elogios. (ahora en castellano)
    Un abrazo desde el Mar Báltico

  20. Si los maestros enseñaran Historia como tú lo haces, ¡otra cosa sería la escuela! Un abrazo, Luis

  21. Amigo Luis:
    Me alegra siempre tenerte por aquí. Te doy las gracias por tus alentadores comentarios. Creo que vengamos de donde vengamos, tenemos en común que no nos gustaba la historia en nuestras escuelas, fuera de ellas nos fascina. 🙂
    Un abrazote!

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