DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Un fin de semana en Londres. Lunes. (final)

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buckingham

Buckingham Palace Después de la Media Rueda

Tomé el desayuno del hotel, incluido en el precio. Pregunté al cingalés de la carpeta cómo llegar al Palacio de Buckingham. Al describir el Monumento a la Reina Victoria desapareció su sonrisa. Comprendí. El mismo efecto me causa la mención del cruel Valeriano Weyler.

Salí corriendo a visitar la residencia de los reyes por fuera, con cierta desazón. Era mi última mañana en la ciudad.

Las cortes y la nobleza me importan un pepino. Me animaba el recuerdo de Milady De Winters, visitando al amante de la reina francesa en “Los tres mosqueteros” de Dumas. Es uno de los personajes de la literatura de aventuras que más me ha atraído desde la niñez. Una bella malvada con historia.

Llegué en metro a St. James’ Park, que colinda con el Palacio. En la estación una empleada caribeña me trató de darling y me indicó el camino con gestualidad exagerada. Me acerqué al edificio por Birdcage Walk, al borde del parque. Un paseo delicioso, me acompañaba un sol de primavera. Londres me despedía con luz.

Exploré Queen’s Garden con libertad y me llamó la atención el Victoria Memorial. Dos nietos de la reina se gastaron un dineral en mármol y en la escultura de bronce. Cuando me acerqué a la imagen dorada, la sonrisa del joven de Sri Lanka se me metió en la cabeza. En la época victoriana florecieron las artes, la literatura, las ciencias y la industria en aquella isla. El Imperio fue más poderoso y rico que nunca. Las riquezas salieron de sus dominios coloniales y se repartieron entre unos pocos. No entre los ancestros del carpetero del hotel ni entre las posibles víctimas de Jack el Destripador que sobrevivían en la pobreza de Whitechapell.

El parque fue todo mío, y de mis reflexiones, a esas horas tempranas, hasta que se me acercaron tres jovencitas, gritando al viento con su acento y sus frases coloquiales que eran sudamericanas. «¿Si les hago una foto a las tres, me tomarían una a mí?» Les propuse y accedieron. Una de ellas soltó. «Llegamos hoy mismo. Nos habían dicho que este era un lugar muy animado, pero todo está desierto…» Habían sobrevolado el Atlántico y sospeché. «Son las siete de la mañana. La gente está todavía durmiendo. ¿Adelantaron los relojes?» Por su expresión de asombro, descubrí que no. Sus padres tenían dinero para pagarles el viajecito, no para enviarlas a una buena escuela. Les deseé un buen viaje y me alejé.

Continué curioseando por Green Park y los Jardines del Palacio. El sol y el verde seguían alegrándome.

Un poco antes de las diez tomé el metro otra vez en Hyde Park Corner para ver el Tate Britain Gallery, en Millbank. Admiré las obras de pintores ingleses, como Reynolds, Constable y William Blake, con sus enigmáticas oscuridades. Me detuve en los dos salones con esculturas de Henry Moore, en ellas recordé al cubano Manuel Carbonell. Otro museo gratis.

Después de entregar mi habitación, tan desconchinflada como la encontré, almorcé en Angus Steakhouse, un restorán de la cercana Praed Street, donde casi me golpeó el taxi el primer día. Una taberna muy británica, con filetes de la mejor carne argentina. Me atendieron muy bien, sirviéndome un jugoso bisté en una tabla, con unas papas asadas que sabían a gloria.

Con flema inglesa recogí mis matules y regresé a la nevada, silenciosa y tenebrosa Suecia.

Disfruté la parte de la capital británica que recorrí, no solo por las muestras de arqueología del British Museum, los cuadros de la National Gallery o las funciones teatrales. Me regocijaron los conductores del metro y los ómnibus, el amistoso carpetero del hotel, las madres de familia italianas, francesas o inglesas explicando a sus hijos los cuadros en los museos repletos. Me asombraron la locura arquitectónica y los olores de comida china, india, caribeña o thailandesa en cualquier esquina; el encuentro con un taller de artesanía africano; un grupo de taxistas colombianos tomándose un café; un pub irlandés; una mezquita musulmana o una sinagoga hebrea cerca de una iglesia protestante o católica. Hipnotizado anduve sus mercados callejeros donde se venden narguiles árabes, máscaras canadienses, monedas de coleccionistas neozelandeses, discos de calipso trinitario o trajes típicos pakistaníes. El Londres turístico es un rompecabezas donde conviven cultos, religiones y culturas muy distintas. Todo un mundo. Allí los barrenderos cantan mientras trabajan, los empleados públicos sonríen y nos tratan de sir o darling.

No sé si a punta de espada, al ser tan diferente a Estocolmo y sus herméticos habitantes o a golpe de impresiones, la capital del Imperio Británico terminó por conquistarme. Claro que regresaré.

sherlock

Baker Street 221b  Después de la Media Rueda

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26 pensamientos en “Un fin de semana en Londres. Lunes. (final)

  1. Cada vez que he estado en Londres me ha sorprendido y sigue sorprendiéndome una ciudad sorprendente donde nada sorprende. Una ciudad donde confluyen y conviven todas las culturas imaginables e imaginadas, y donde los museos son todos y siempre gratis, para deleite de todos los que disfrutamos de ellos.

    Preciosa experiencia felizmente narrada.

    Buen lunes!

  2. Excelente final para un grupo de artículos muy entretenidos. Espero que nos contarás más sobre tus viajes! Se te ve muy bien en las fotos. Un abrazo!

  3. Contigo Londres, Berna, incluso la hermética Estocolmo no podrán impedir, al final, hacerse un poco L’abana.

  4. Hernán, solo te falto la pipa para parecerte al Holmes museable que anuncian detras de ti…

  5. Qué me gustó que se prolongara el fin de semana con esta entrada! 🙂 Coincido plenamente contigo, Ernán, buena parte de nuestros viajes son las gentes y las cosas con las que contactamos mientras viajamos -no necesariamente museos… De hecho en los últimos que yo he podido hacer he recorrido pocas galerías y sí muchas avenidas, alamedas, ramblas, paseos marítimos, bulevares, metros… Un abrazo, y que te sea más sur el norte!

  6. Mi milady de Winter siempre ha sido Lana Turner, no hubiera dudado en dejarme traicionar por la Turner, sólo por poder estar unos segundos en su contacto. El paseo en Londres me lo imprimiré para cuando pueda darme una vuelta por aquellos lares, lo podré disfrutar en grado superlativo con tu redacción. Abrazos, querido.

  7. Gracias Chelo. Londres se convierte en un vicio que sólo hace daño al bolsillo. La mayoría de los museos, los más importantes, son gratis. Igual que pasear por a ciudad, de eso no me canso.
    Buena semana y abrazos desde el Polo.

  8. Señor Increíble:
    Londres tiene su “no se qué y su que se yo” como dirían en mi islita. He podado bastante los escritos, para no aburrir. Espero no haberlos dejado muy secos.
    Me alegro que os hayan gustado. Tengo unos cuantos, todos más largos y jugosos.
    Gracias muchas y un abrazo.

  9. Son treinticuatro años en una ciudad entrañable, aunque destruída. 🙂
    Visité Cuba en noviembre después de más de una década sin poder hacerlo y me percaté de lo que quería a mi ciudad. También de cómo había cambiado.
    Recuerdos que se habían quedado pegados a una parada de ómnibus, a un pedazo de malecón o a un cine derrumbado ahora. Conversaciones en voz muy baja con desconocidos o conocidos. Mucho sol y mucha luz.
    Mis padres y unos pocos amigos, familiares y vecinos aún quedan allí. Muchos de mis libros también. He traído unos cuantos, los más amados. He tenido que dejar atrás otros, a regañadientes. Me vi obligado a salir de allí, opinando que eran otros los que deberían irse en vez de más de tres millones de cubanos que vivimos en el exilio algunos y otros buscando mejoras económicas, todos “en el extranjero”, todos “afuera”.
    Vivir lejos de los suyo duele, pero si del cielo te caen limones, azúcar, ron y hielo, aprende a hacer daiquirí. Hay que “echar p’alante” y convertir la sobrevivencia en un gozo más.
    Gracias, maravillosa madame. Su comentario me ha hecho reflexionar y es algo que le agradezco desde el alma.

  10. Rondar el museo de Sherlock fue una especie de placer de voyeur. Crucé la calle y miré a las ventanas esperando ver la silueta del genial detective. Supongo que Conan Doyle escogió esa dirección imposible por alguna razón, para desvirtuar algún recuerdo quizás.
    No es más que un truco turístico, lo reconozco. Sin embargo la atmósfera del sitio se me ha quedado en la memoria y no sólo por las fotos. Gran parte de lo que somos es lo que hemos leído o visto en nuestra niñez y juventud. Holmes y su amigo el doctor Watson son como Sandokan, D’Artagnan, Philleas Fogg o Tarzán. Amigos de los años, como tú, siempre fieles.

  11. En Barcelona y Madrid estuve sólo en dos museos. El resto fue explorar, muy bien acompañado, unas ciudades bellísimas y repletas de recuerdos, ajenos, familiares, implantados, literarios o cinematográficos.
    Una parte de mi vida la dediqué a hacer carteles, dibujar y pintar. Puedo distraerme media hora frente a un cuadro, analizándolo todo, desde la perspectiva y las proporciones hasta el uso del color y (aunque no parezca sano) el recorrido del pincel. Es como desnudar la pintura con el ojo. Además de que mi obsesión con la historia me lleva con la mente a lugares lejanos en el tiempo, tener delante de uno la Puerta de Ishtar o subir las escaleras del Acrópolis es casi un orgasmo.
    Pero la gente del lugar es lo que hace maravilloso un viaje, muy de acuerdo contigo.
    Vivo en un ghetto donde pisan muy pocos suecos, en toda mi manzana vive sólo uno. No existe nada más enriquecedor que poder hablar sobre cultura islámica con un vecino, aprender a cocinar cevapcici con un cocinero de Montenegro, chalupa con una venezolana o couscous con un tunecino, escuchar poemas de Omar Khayam en persa en mi propia cama o celebrar el nuevo año chino entre ciudadanos del celeste imperio, sin moverme de Estocolmo.
    Por aquí decimos que cuando entramos a Rinkeby (mi barrio) dejamos de ser cubanos, iraníes, bosnios o somalíes para convertirnos en “svartskalle” o “blatte” (craneos negros), la manera despectiva en que nos nombran algunos suecos. Son palabras prohibidas por la ley, pero fuera de este ghetto se escuchan con frecuencia. Sin perder nuestra identidad ganamos muchas cosas de esas otras culturas que pueblan el barrio, tambien algunas costumbres suecas, pues trabajo lejos de aquí y tengo buenos amigos nativos.
    En Cuba, que es algo así como una isla autositiada, teníamos acceso a poco de lo que ha sucedido en el mundo exterior después de 1959. Ya contaré sobre el choque cultural de los primeros años, fue como montarse en una máquina del tiempo y tratar de adaptarse de un golpe a treinta años de evolución.
    Pero perdón, estábamos en tu acertado comentario y en darte las gracias por él. Cosas que pasan a esta hora, después de un mal lunes. 🙂
    Un abrazo, amigo Don Felicius.

  12. Preciosa mujer Lana Turner, inolvidable en “El cartero siempre llama dos veces”. Una Milady de Winter de empuje. Un personaje al que se le puede sacar muchas aristas. Para gustos se han hecho colores y yo me quedo con la de Rebecca de Mornay en la versión de 1993

    Gracias, fiel Ángel. Y espero que puedas disfrutar de Londres.

  13. Gracias por compartir tu viaje, Ernán. Me encantó 🙂

  14. Es una de las maravillas de Londres, los museos gratis y no sólo porque viene bien económicamente, sino porque permite verlos con tranquilidad y sin atragantarse por aprovechar la entrada.

    Un abrazo de sol y viento.

  15. En esa foto se te ve absolutamente feliz y eso…..No se puede disimular. Me alegro por ello. Londres ya sabes que no es muy de mi agrado, pero bueno. Manías de uno imagino y ya que estamos en la cincuentena….Pues se nos perdonan.

    Por cierto, acabo de llegar del aeropuerto y me encuentro en casa….Frijoles negros humeantes en la cazuela. Un poquito de arroz y, como el kiko me voy a poner……Cuidate.

  16. Por nada, Don Santiagazo. Es una transcripición de mis confesiones en la última reunión de
    V.A.C.P:N (viajeros anónimos compulsivos del polo norte) 🙂
    Turistear ha sido un sueño imposible para mis viejos y hermana. Les envío estos “resúmenes de viajes” cargados de referencias familiares humorísticas, podadas para Después de la media rueda, claro está.
    Quedan casi, casi, como esas guias anónimas de revistas de turismo que tanto me gustan. La mayoría de las veces sólo sirven para desorientar, pues cada uno viaja su Londres.
    Tengo amigos que sólo van al Museo ( si se puede llamar así) de Madame Tussaud, a las saunas, a comprar alcohol barato, a encaramarse en el Ojo y a Harrods; y lo disfrutan tanto como yo.
    Yo me estaría meses curioseando en la casa de Charles Dickens o la de Handel, viendo espectáculos de burlesque bien borde, poniendo el pie en el Museo de Historia natural o el teatro El Globo de Shakespeare, recorriendo el West End y “dándole a la sin hueso” (conversando) con cuanto loco anduviera por la ciudad.
    Cosas de cubano varado en el Polo. Un abrazo desde aquí mismo y gracias a tí..

  17. Candela, Plared! Me matas de la envidia! 🙂
    Te deseo una buena estancia, mucho sol, risas y esperpentos variados garantizados.
    Alguna razón habrá para que no te guste Londres, de eso estoy seguro. Tranquilo con las manías, es lo mismo que me pasaría con Miami o Moscú, supongo. No quiero ni hacer cambio de avión en ninguna de las dos. 🙂

  18. Maravillosos tus andares por Londres, qué delicia. Se nota que lo disfrutaste y muucho. A por otras historias en otras ciudades. Un abrazo

  19. Un beso Maguelita linda. Me alegra que te haya gustado, la próxima: Atenas. Más largo y divertido…

  20. Agradecerte esta otra entrada :-), tan sabrosa como la del lunes. Y esperando que el mal lunes deje paso a un buen martes -en tanto nos llega la próxima mediaruedería. Un gran abrazo, Ernán!

  21. No, estoy en España, no es lo mismo pero bueno. Espero ir pronto para ya…

  22. Me entusiasmé con los frijoles negros, cosa que como muy pocas veces por aquí, a no ser por dos amigos cubanos que me lo piden, vienen y los disfrutamos juntos. Con pedazos de tocino “bien groseros”, que es como le han puesto jocosamente a la manera en que los cocino. Par de hojas de laurel, dos pimientos verdes, una morcilla de Asturias, cebolla, ajo y a la hora de servirlos un chorrito de aceite de oliva, una cucharadita de azúcar moreno y una de vinagre. Y si son “dormidos” (un día después de hacerlos). mejor.
    En Chile le dicen porotos y sólo los comen los pobres. Y qué somos los cubanos ? Le pregunto a los amigos chilenos. 🙂
    Saluda al malecón y a los tiburones de mi parte cuando vayas.
    Un abrazo desde un Polo primaveral, con los osos a punto de despertar de su hibernación…

  23. Pues nada, tú no te cortes. Me encantan tus historias.

  24. …me encantó la parte de las tres jovencillas en el parque… jeje… algún día conoceré esos lugares… algún día… y cuando vaya será para mi como regresar, pues por hoy ya estuve allí… gracias por la excelente narrativa… (eso de “habitación desconchinflada”, me hizo el día)…

  25. Londres es fantástico y tiene mucho que ofrecer. Es una cuidad que me encanta por sus muchas posibilidades. Pero no quiero dejar de aconsejarte que te pierdas en Galicia, en sus playas, hablando con los paisanos de las islas, de los pueblos, bebiendo nuestros vinos y probando nuestras comidas. De todas formas, magnífica entrada. Te felicito. Te seguiré leyendo. Un saludo. Livia.

  26. Muchas gracias Liza y Gabo. Ya disfrutarán de Londres, una segunda y una tercera vez. Vale la pena. Saludos desde un Polo Norte muy cubierto de nieve.

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