DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Otro veinte de mayo.

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20 de mayo bandera

 

Llegué muy molesto de la escuela. Tiré la puerta, salí corriendo a mi cuarto y puse el tocadiscos. La canadiense Gizelle Mc Kenzie cantando swing y standars en inglés. Con el volumen bien alto.

¿Has olvidado que día es? Veinte de mayo. Trajimos a Laíto del asilo y vienes con una perreta. —Mami estaba parada en la puerta. Secaba sus manos en el delantal y me miraba con su expresión de regaño.— Ve y siéntate con él.

No estoy pa’ Laíto y sus cuentos. ¿Y quién dijo que me dio una pataleta?

¿Olvidas que soy tu madre? ¿Qué pasó en la escuela? ¿No tenías ensayo del coro hoy? Tu abuela te vio entrar en casa de tu amigo Onelio hace rato.

La maestra Bertha nos dijo que Alfredo se enfermó, que el próximo lunes tendremos otro «ensayador».

Bertha era nuestra maestra de matemáticas, era también la jefa del núcleo del Partido Comunista de Cuba en la escuela. Yo la creía dulce y afable. Pero a partir de aquella tarde la traté con frialdad y la evité fuera de clase.

¿Y nada más?

No respondí. Se me salieron las lágrimas. Fue suficiente para Nimia Ávalos. Se sentó en mi cama y pasó una mano por mi cabeza.

—La mamá de Zunilda llamó por teléfono y contó lo que pasó. Vamos. Hice majarete, dejé la cuchara de madera en el caldero para que lo rasparas y te comieras las raspas. ¿Lo pongo en el patio, al lado de mi tío abuelo?

Claro que funcionó la estratagema, aunque yo sabía que la era. Me dispuse a escuchar al viejo.

¿Y esos ojos colorados? ¿Qué le pasó a mi aprendiz de curioso?

Sonreí, a pesar de todo. Me quise hacer el duro.

El horno no está pa’ galleticas.

Te equivocas. El horno nunca ha estado más apropiado para hornear galletas. Ya la vida te está dando golpes. Estás creciendo y yo, por ley de la naturaleza, no voy a poder verte hacerte un hombre. Cuéntame que les pasó.

Usted sabe que llevábamos meses ensayando “El mambí”. Nos estaba quedando muy linda. Zunilda y yo, de soprano y barítono, con un verso de solista cada uno. Habíamos logrado ya la pausa entre «Cuba adorada» y «Mi amor por ti.» ¡Tremendo impresionismo!

No es un buen uso de la palabra, pero te entiendo.

Yo había visto llegar a Alfredo desde el segundo piso y organicé a todo el coro alrededor del piano para darle la sorpresa cuando entrara. Se demoraba, cosa rara. Quién le dice que en vez de él, apareció la maestra Bertha y nos dijo que el músico estaba enfermo. «A partir de la próxima semana cantarán otras canciones, una de Silvio Rodríguez, “Bella ciao” y “Kalinka” en idioma soviético.»

Laíto soltó la carcajada.

¿Idioma soviético? ¿Y esa es la maestra que tanto admiras? —El anciano notó mi desconcierto y trató de aligerar su ironía.— No quise decir eso. Pero el idioma es ruso, los soviéticos no han inventado su propio idioma todavía. Sigue contando.

Ahí la cosa se puso rara. La profe Bertha empezó a decir que «los valores de nuestra juventud son los del internacionalismo proletario y los del marxismo leninismo.» Que era mejor no cantar cosas como “El mambí”, pues «visto a través de la óptica del materialismo histórico, Carlos Manuel de Céspedes y otros que ustedes creen héroes, no eran más que burgueses que necesitaban liberar a los esclavos para que tuvieran poder adquisitivo y pudieran comprar el exceso de producción. Un salto lógico de un sistema obsoleto a otro.»

¿Qué cosa? ¿Qué el Padre de la Patria no es un héroe? —Laíto se llevó la mano al pecho. Su rostro se puso rojo y los ojos se le cerraron. Tan inmóvil se quedó que lo hubiera creído muerto, a no ser por su respiración agitada. —Dile a Nené que me traiga la pastilla y un vaso de agua. ¡Corre!

Salí dando gritos, golpeé el caldero con las sobras de majarete y cayó al piso escandalosamente. Se armó el revuelo. Unos minutos después el anciano estaba tranquilo, abuela le había puesto la píldora debajo de la lengua. Me prohibieron hablar otra vez del tema hasta que nuestro pariente estuviera bien del todo.

No te preocupes Laíto, en el asilo no harán nada, porque son unos parias. Pero en esta casa se celebra el Día de la Bandera, aunque sea a escondidas. —Le oí decir a mi abuela mientras ayudaba a mami a servir la mesa. Manteles de hilo, la vajilla buena, las copas y un arroz con pollo a la chorrera que olía a gloria. Cerveza fría para los adultos y un cubanísimo majarete de postre.

Todos los años había que traer a Laíto León con algún pretexto a casa en esa fecha. Abuela y él ponían discos con canciones patrióticas, elegantes danzones o guarachas jocosas. Y colgaban la bandera cubana en una ventana de la sala. Después de la comida, mi tío bisabuelo esclareció:

Este cielo azul no ha visto un día tan feliz como el 20 de mayo de 1902, aunque algunos quieran imponer otra idea. Cuando parecía que los americanos no se irían nunca, Estrada Palma, nuestro primer presidente, anunció que dejaríamos de ser una isla intervenida por los del Norte, para convertirnos en República. Sólo escuchar ese nombre me provoca el deseo de gritar: ¡Viva Cuba Libre! ¡Cuatro siglos como colonia española! Al fin seríamos un país independiente. La alegría más grande de mi vida.

En la escuela nos habían reiterado que nuestra fecha más importante era otra. Muchas veces la interpretación de la Historia que hacían Laíto y mi padre era distinta a la que exponían nuestros maestros. Al principio me confundía y discutía con ellos. Luego dejamos de recibir clases de Historia de Cuba por años. Supongo que no era el único que cuestionaba lo que trataban de meternos en la cabeza. A cambio, empezaron a impartirnos Historia del Proletariado Mundial y el Movimiento Obrero.

Parala bandera se había convertido en un trapo más. Tampoco el escudo ni el himno significaban nada. Pero la letra de “El mambí” y la idea de que Carlos Manuel de Céspedes era un patriota que había liberado a sus esclavos, luchando hasta su muerte, sí las tenía arraigadas.

Tú sabes que el Ejército Español mató a dos de mis hermanos y que cuando el otro, Lino, llegó ciego y herido a su casa, encontró a su mujer e hijos muertos de inanición, por culpa de la Reconcentración de Valeriano Weyler. Tú llevas sangre mambisa. Cuando alguien niega que los hombres y mujeres junto a los que luché fueran héroes, es como si los estuvieran matando otra vez. Es como ignorar los treinta años que peleamos por tener una Cuba Libre. Cada veinte de mayo recuerda mis palabras. Ese día en 1902, a las doce del día, ondeó por primera vez la bandera del país de tus abuelos, tus padres y tú. Hónrala, que costó mucha sangre verla batirse al viento en un asta, sola. Y ahora a bailar danzón. Hoy es día de fiesta.

No regresé a cantar al coro. Yo también me enfermé, como Alfredo. Muchos años después, en el Teatro Mella, me reencontré con él y lo reconocí, a pesar de canas y arrugas. Para refrescarle la memoria le conté la anécdota, incluyendo lo inolvidable de la fecha en que sucedió. Lo recordó, todavía resentido.

La tal Bertha me dijo hasta gusano. Discutimos muchísimo. Le aclaré que si a tu generación no le enseñábamos a amar a su patria, nunca iban a sentir nada por ella. Me dijo que me acusaría de diversionismo ideológico si yo «seguía hablando mierda.» Se le cayó el barniz enseguida. Y ahora ya ves el resultado «de la política de nuestro partido.» A estas alturas no hay un sólo joven cubano que sepa cuándo Cuba comenzó a ser Cuba.

Por suerte los hay, amigo y siempre los habrá. —Le aclaré.

El último de los León murió antes de volver a celebrar otro veinte de mayo.

Miro el calendario y busco la bandera cubana que guardo en el armario. Recuerdo las palabras que dijo Laíto en mi adolescencia.

«Y ahora a bailar danzón. Hoy es día de fiesta.»

 

20 de mayo, 1902

 

 

 

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6 pensamientos en “Otro veinte de mayo.

  1. Lo que dijo Laíto sobre el “idioma soviético” es lo mismo que pensé yo mientras lo leía. En realidad creo que el explorador noruego Thor Heyerdahl tenía razón cuando dijo: “¿Fronteras? He oído que existen en la mente de algunas personas pero yo nunca he visto ninguna”.

    • Ay, amigo Eduardo! Llevo veinte años viviendo en Suecia y he pasado la mejor parte de mi vida aquí, pero la familia, muchos amigos y los recuerdos de la niñez, esos que edulcoramos e idealizamos, se quedaron allá en Cuba, un lugar donde no quisiera volver a vivir, bajo ninguna circunstancia.
      Uno es de donde se pueda ganar la comida con decencia…
      Las fronteras no las ponemos nosotros, las ponen los que tienen el poder para decir: esto es mío. Nosotros sólo poseemos amores y memorias, libres ambos, no necesitan un ejército para ocupar ni esclavizar.

  2. En cuba se vive muy bien. Eso es inapelable, claro que siempre….Que seas extranjero, tengas dinero y relaciones. Cosa que cumplen solo unos pocos. Para la mayoría es una puñetera mierda en especial si has nacido allí, Entonces pasas a ser un paria en tu misma patria. Cuidate

  3. Genial amigo, aquí está bien reflejada la historia de verdad y esa otra que te inyectan desde pequeños esas mentes “proletarias” como las de Bertha. Un abrazo

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