DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Lascia ch’io pianga

23 comentarios

Reblogueado de Junio, 2, 2013, en Después de la Media Rueda

Un conocido mutuo nos había querido presentar. «J. P. Egea imparte cursos gratis de Apreciación Musical Clásica. Te caerá bien.» Yo había rechazado la idea. Aquella música venida de la lejana Europa nada tenía que ver conmigo. Cuando escuchaba un guaguancó, era el primero en salir a bailar con la energía de mis casi veinte años. Aunque fuera tocado con dos palos en una caja de bacalao. Soy barriotero de raíz.

Tanto insistió el amigo, que un sábado acepté. Caminamos hasta Nuevo Vedado y llegamos a la casa. Me pareció espantosa. Ventanas siempre cerradas y figuras de porcelana por todas partes. Egea era un señor dos o tres décadas mayor que yo, muy alto y delgado, con un flequillo que alejaba de la frente a ratos, con un gesto delicado.

Le tengo terror a todo lo clásico. —Declaré. El hombre sonrió condescendiente.

Escucha esto en silencio. La música es un hada muy egoísta. Sumérgete en lo que entrará por tus oídos y olvida el resto del mundo. Ya me dirás después si te asustó.

Nuestro anfitrión me hizo oír Ombra mai fu, del Xerxes de Handel. El aria me fue envolviendo poco a poco. Terminé con los ojos aguados.

¿Que recuerdo triste mordió tu corazoncito dulce? —Preguntó Egea al notar mis emociones.

Estuve a punto de romper a reir por la imagen poética. Soy un llorón imparable pero salto con facilidad de una emoción a otra. «Este habla como un personaje de Moliere. Aquí no vuelvo más.» Sentencié.

A pesar de lo ridículos que me parecieron el léxico y las maneras de J. P., regresé para el curso de los martes. Por aquel entonces yo no sabía diferenciar una sonata de un minuet, creía sopranos a todas las mujeres y tenores a todos los hombres. Tenía una oportunidad gratuita de aprender. Fue la justificación que di a mis socios del barrio. La verdad era que Ombra mai fu me había gustado. Quería más.

Disfruté tanto la primera noche de clases, que el viernes volví para la audición de ópera, como él llamaba aquellos encuentros. Tenían mucho más público. Gente interesante. Los asistentes recomendaban libros, películas, exposiciones, descargas de jazz. Me convertí en una esponja.

Durante casi un año jamás falté, ni martes ni viernes. Terminó el curso. Gracias a la voluntad de el Maestro, aprendí cómo escuchar la música. Aquella casona polvorienta se había convertido en un hábito dificil de romper. Repetí el curso. Varias veces.

Aunque mis visitas se hicieron más espaciadas, nunca perdí la costumbre de visitarlo. Siempre ocupado, preparando clases, escudándose en las melodías que lo apasionaban y en las necesidades de los discípulos nuevos.

Nunca conocí al ser humano que estaba detrás del Maestro, ni por qué hacía lo que hacía. Trabajaba en contabilidad por el día, huía de los números y quizás de algo más por las noches. Su único placer era tener la casa llena de alumnos, de los que nunca exigió nada.

¿Sería feliz con el cariño que recibía a cambio? ¿Supo de la admiración y el agradecimiento de los que descubrimos una forma diferente de ver la vida con él? ¿Llego alguien a poder decirle cúanto le debíamos?

Hace tres años supe la terrible noticia: En su casa, siempre abierta para los extraños, se metieron dos jóvenes del barrio. Simularon interés en sus cursos. Durante semanas esperaron a estar a solas con el anciano. Egea murió asesinado por sus inexistentes riquezas. Nada había de valor en aquella casa, él era el único tesoro.

Ahora, cuando la distancia me hace dificil oír un guaguancó tocado en un cajón de bacalao, escucho el Lascia ch’io pianga del Rinaldo de Handel. Recuerdo la muerte de J. P. Egea y sobre todo, su vida. Pienso que sino lo hubiera conocido, me habría ahorrado estas lágrimas de rabia.

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23 pensamientos en “Lascia ch’io pianga

  1. ¡Qué terrible final para tan bella historia! Y qué buena música, y qué buena prosa. Gracias.

  2. Quienes asesinaron a J. P. Egea, a mi entender, no lo hicieron por dinero, tenían que destruir lo que no comprendían, en este caso la manifestación de la belleza, sin contar ésta se sublimó haciéndose más fuerte.
    Creo que el registro de esa maravillosa voz es; contratenor. Tiene el caudal expresivo que le agrega un matiz más profundo y más emotivo a la interpretación de Haendel.

  3. Gracias a ti, José Antonio. J.P. Egea se merece más que eso.
    Hace meses coincidí con un cubano, para mí desconocido, que vive hace años en Girona, España. Cómo es lógico, comenzamos a hablar de cosas que podíamos tener en común en nuestro pasado en la isla y resultó que dos décadas después que yo, el joven había sido alumno de Egea.
    Compartíamos cariño y admiración por aquel hombre extraordinario. Suficiente para iniciar una amistad.
    Imposible calcular cuantos cientos de personas, de los más disímiles orígenes e intereses, han pasado los cursos de apreciación del Maestro. No quisiera pensar en sus últimos momentos, por desgracia supe los detalles. Nadie merece una muerte así. No me consuela pensar que muchos lo recordamos con especial cariño y que sus enseñanzas han embellecido las vidas de muchos.

  4. Me cuesta trabajo pensar en él sin sentir rabia. Estoy de acuerdo contigo, Egea molestaba, por diferente y por ininteligible para muchos. Tenía casi ochenta años y continuaba enseñando.
    Exacto, son contratenores. Voces que practicamente desaparecieron por casi un siglo. Tienen la potencia vocal de un adulto y la belleza de la tesitura de un niño. Händel creo sus obras para castrati y muchas mezzosopranos las han cantado. Preferí poner a Scholl y a Fagioli, los más famosos contratenores de esta época, con Phillip Jarouzky, geniales los tres.
    Gracias, Jasón. Nuestros barcos seguirán cruzándose.

  5. Gracias Chano. De vez en cuando se vuelve uno sublime para recordar amigos sublimes.

  6. Muy triste y muy bello a la vez.
    Una persona genial la que describes.
    Un gran saludo.

  7. Muchas gracias, Maggi.
    J.P. Egea era un ser especial. Me hubiera gustado habérselo dicho en vida pero no creo que haya hecho falta. “Yo también aprendo con ustedes. ” Era su frase cuando cualquiera le daba las gracias.

  8. Hermosas notas para esa historia y vida de final triste, pero de noble y bello recorrido. Un abrazo. Jesús

  9. Final trágico para una vida que me da fue de incomprensión. En fin, se haría una bonita canción de ello. Ahora, digamos que tocare el Adagietto de la 5ª Sinfonía de G. Mahler en su nombre. Presiento que le gustaría. Cuidate

  10. Claro que le gustaba el Adagietto y todo Mahler.
    Recuerdo cuando le pude conseguir “Muerte en Venecia” en betamax, al final de los ochenta. Es curioso que siempre identificaba a J. P. Egea con Dick Bogarde en la playa, al final, con aquella gota de tinte que le corre frente abajo.
    No puedo evitar “pensar en fotogramas”, Plared. Más que a la literatura, la mayoría de mis recuerdos están unidos a la música y al cine.
    Gracias, por el comentario.

  11. Gracias Jesús.
    J. P. Egea nos abrió una puerta impensable en un momento y época cuando la cultura europea era casi rechazada en la Isla, considerada un rezago burgués.
    Recuerdo como lo sazonaba todo con anécdotas graciosas, para hacernos más potable aquella música que desconocíamos. Me han preguntado, en este mundo actual donde un título universitario es como un título de la aristocracia, que había estudiado Egea. Sus conocimientos eran autodidactas, palabra en desuso ya.
    Pasión por la música y necesidad de transmitirla. Simple generosidad y mucho respeto a sus alumnos. Era muy exigente consigo mismo, había que verlo preparándose para las clases.

  12. Que gusto leer tu media rueda y mas en veranito !! … Si la musica es un hada cabrona parafraseando a Egea … Esta media rueda es un duende juguetón y alegre para la vista y los sentidos …abrazo

  13. Una persona excepcional acompañado de una música no menos excepcional: Deja que llore mi cruda suerte, aunque nosotros no tenemos motivo. Somos muy afortunados de leerte.

  14. Hola, te he dejado en mi blog una nominación al premio “wonderful team member readership award”.

    Perteneces a la élite de mis blogs “con_sentidos”. ¡¡Felicitaciones!!
    Gracias por el café. 🙂

  15. Vero: Muchisimas gracias, de verdad que me siento más que honrado por tu premio. Y sobre todo de formar parte de tu “élite”.
    Gracias, otra vez!

  16. Gracias Willy mío!
    Y yo que no tengo una sola hormona tranquila hoy! Esta noche es la Viking Bears Club Big Party. De mil a dos mil osos y admiradores y yo a ripiarme bailando “Happy, aunque ya haya pasado su furia…
    Qué tengas un finde bien gozador!
    Abrazos y más abrazos!

  17. Gracias, Eduardo. Lo mismo digo, en tu blog paso muy buenos ratos y es por la pasión que sientes por la música. Un buen fin de semana!

  18. ¡En hora Buena!¡ las nominaciones ascienden! Te he nominado para el premio Dardos. puede observar su nominación aquí http://yjrivas.wordpress.com/2014/08/01/premio-dardos/ muchas gracias por tan maravillosas historias. Suerte

  19. Todos deberíamos tener un Egea en algún momento de nuestras vidas. Pero cuanto antes fuera ese encuentro, mucho mejor. Por otra parte, no sé si lo conoces o si has hablado de él en algún momento en tu blog, pero quiero recomendarte un maravilloso libro de Alex Ross que se titula The rest is noise, sobre la música clásica del XX y cuyo título parafrasea a Shakespeare (The rest is silence). También te recomiendo que leas, si tienes ocasión, una conferencia que dí sobre música y que encontrarás en http://luisordon.wordpress.com/2013/03/22/the-rest-is-silence/. Como ves, copié directamente el título al cisne de Avon. Un saludo.

  20. Un millón de gracias, Yorvis. Siempre es agradable esto de las nominaciones.
    Saludos desde el Polo Norte

  21. Señor Ordoñez:
    Pero esto es para escucharlo, leerlo y releerlo. Muchas gracias por la oportunidad de poder apreciarlo. la importancia de la música es fundamental en la vida moderna, desde la atonal y el jazz, hasta la electrónica y la llamada salsa.

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