DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Pa’ lucirlo en el ojal…

22 comentarios

Madrid no es una ciudad hermosa.

No enamora a primera vista como París, Barcelona o Lisboa. Madrid es anárquica, diversa y provinciana. Sin mar.

Fue mi primera impresión hace quince años, cuando llegué emocionada a una ciudad que —ahora lo comprendo— nunca me abrió los brazos, a pesar de quererla como la he querido, incluso antes de conocerla.

Conquistarla ha sido un oficio de años.

Sus cafés, sus rincones… El asombro de un templo egipcio en la suave colina desde donde se ve la puesta de un sol que nunca se hunde en el mar…

Los bares de Galdós, las calles de Tirso de Molina, la iglesia donde reposa Lope de Vega, en una calle que fue mi calle hace ya muchos años, la casa de Cervantes en el Madrid de los Austrias.

La explanada sembrada de dalias junto a la Basílica de San Francisco el Grande… La plaza de la Paja, la del Humilladero, la Puerta de Toledo, las viejas corralas, la Puerta del Sol, que no tiene puerta y muchas veces ni sol…, el parque del Capricho… Sus monumentos, sus fuentes, sus parterres floridos casi todo el año, los tulipanes de abril, la preciosa rosaleda junto al sitio en que Goya pintaba jolgorios de gitanos a orillas del Manzanares… los geranios de julio, el frío intenso y el calor abrumador…

Así vivo y siento Madrid. Como una labor entrañable hecha a retales: pedacitos de colores cosidos entre todos.

No me quiere. Pero me seduce ofreciéndome diminutas dádivas: un escorzo de la Mariblanca, la imagen de la osa trepando al madroño, viejos adoquines, misteriosos conventos, el olor a chocolate con churros, las pregoneras de Doña Manolita, anticipando una suerte que nunca llega.

Pequeña y altiva, como escapada de una novela de don Benito, tropecé una mañana con uno de aquellos regalos. La había visto en el cine y escuchado en la radio pero, de repente, Madrid me ofrecía la réplica en piedra de una canción: la figura grácil y castiza de la violetera.

Me enterneció que estuviera tan compuesta ya a esas horas tempraneras en las que, me permitía el lujo de vagabundear hacia el Retiro, aún en brumas.

Estaba sobre su pedestal en la intersección más importante del centro de Madrid —Gran Vía y Alcalá— con el garbo de una reina. Con el señorío de una emperatriz en Lavapiés o de una princesa en Chamberí…

Los madrileños, acostumbrados a no ver, pasaban por su lado con las prisas de la mañana sin escuchar su reclamo: “Cómpreme Ud., señorito, que no vale más que un real…”

Me encantó verla, hermosa y lozana como el amanecer, con la ofrenda primaveral de un ramito de violetas. Entornando los ojos. Ofreciéndose.

Pero Madrid me da, Madrid me quita.

Y así, como un día la puso para que se cruzara en mi camino, se la llevó y nunca más la volví a ver.

Dicen que fue un rapto. Que fue un duelo de alcaldes, una querella de amores y dinero. Bajas pasiones, ambiciones tortuosas, envidias rastreras… y, al final, el destierro.

Dicen que ahora se deja ver por Las Vistillas, lejos del asfalto y del ruido de la ciudad.

En su esquina, el vacío.

Quizás la levedad de un recuerdo o la nostálgica melodía del organillero, nos la devuelva un día en las notas coquetas de su requiebro:

Cómpreme usted señorito, cómpreme usté este ramito, pa’ lucirlo en el ojal…”

Lourdes Gómez

Madrid 2014

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22 pensamientos en “Pa’ lucirlo en el ojal…

  1. Lourdes Gómez escribió esta delicia y la tenía escondida. Insistí en publicarla aquí. Somos amigos desde los once años y algo me dice que lo seguiremos siendo, mucho más tiempo.
    Tiene el encanto de Madrid visto con los ojos de una cubana. De su mano descubrí esa ciudad y ella, de la mía, Estocolmo.
    Pude haber puesto a Raquel Meller o a la Montiel, preferí ilustrar con dos cubanas cantando el cuplé.
    Ojalá “Después de la Media Rueda “pueda enorgullecerse de contar con otras cosas escritas por Lourdes, espero les guste.

  2. Dicen de Madrid que es un poblachón manchego en medio de la nada. Cuando la contaminación lo permite, se puede disfrutar de un cielo de un azul impecable, y no digamos de los atardeceres sobre el Guadarrama; pero hay más: en Madrid se puede decir Madrid, Madriz, Madrí, Madrit, Madrís, sin llamar la atención. Eso sí, Madrid se mira poco el ombligo y adolece de gestores incompetentes donde los haya; pero te sorprende con esos pequeños detalles: “un escorzo de la Mariblanca…”

    Gracias por ese chocolate con churros tan madrileño para alegrar la mañana. Saludos

  3. Pues nada mejor que celebrar la Almudena madrileña que con la música de la “violetera”, siempre castiza, popular y cercana. No conocía la versión de Paulina Alvárez: exótica, sensual y entrañable, valgan todas y cada una de las paradojas posibles. Hay que fomentar el lado amable de Madrid, que lo tiene, y sus rincones más íntimos, que los hay a manos llenas. Abrazotes

    • Los rincones íntimos de Madrid los conocí de la mano de Lourdes y me sentí en casa. Llevo veinte años viviendo en Estocolmo y me cuesta trabajo sentirme así, aunque ya he “marcado” la ciudad con buenos recuerdos.
      Un abrazo, Manolito. Esta entrada me ha puesto a planear un regreso a Madrid para celebrar San isidro y rodearme de chulapas y, sobre todo chulapones, por sus calles, Le debo una botella de buen ron a alguien para entonces, no lo olvido… 🙂

  4. Los madrileños decimos “de Madrid al cielo”, tal vez forme parte de esa chulería que nos atribuyen. Sabemos que no tenemos una ciudad preciosa, tal vez ostenta la capitalidad de la nación de manera injusta, por encima de otras posibilidades con mayor peso histórico, como Toledo, Valladolid, Sevilla o Segovia; también sabemos que no tenemos mar, ni catedral o río como Dios manda. Sabemos todo eso y lo tenemos asumido, pero también es verdad que ésta es una ciudad hospitalaria en la que casi todo el mundo que viene se siente a gusto en ella, al fin y al cabo está llena de gente que no es de aquí; está hecha para vivirla, para disfrutar de su sol, sus rincones, su oferta cultural y turística y, por supuesto, la bienvenida de todos los madrileños. Y, por cierto, tenemos el traje regional, el de “chulapa”, más sexy de todos. Gracias por llevar a Madrid a tu rincón cubano. Un saludo Ernán.

  5. Es un relato encantador, Ernán. Voy a Madrid en los próximos días, luego de varios años, a redescubrirla con otra mirada. Y buscaré algunos de los rincones que describe Lourdes, así que gracias a ambos.

    Un saludo afectuoso desde Argentina.

  6. Quería darte una noticia:
    ¡Te he nominado al Liebster Award!
    Puedes revisar mi entrada en:
    http://emocionesencadenadas.wordpress.com/2014/11/10/gracias-susana-y-sebastian/¡Nos leemos!
    Un saludo,
    Gema Albornoz.

  7. Un artículo muy apropiado en el día en que en Madrid se celebra la Almudena, su patrona. Es cierto que hay otras ciudades europeas más bellas artísticamente que Madrid pero el encanto de Madrid va más allá: aquí nadie se siente desplazado ni se mira por encima del hombro, es más, yo creo que Madrid es la ciudad española con más población foránea (tanto de otros países como de otras partes de España). Aquí todo el mundo es bien acogido y estamos orgullosos de ello. Por cierto, una recomendación, para todos los que quieran descubrir más a fondo Madrid y les guste la literatura, nada mejor que los libros de Pío Baroja como por ejemplo La Busca.

  8. Madrid es la mejor ciudad del mundo. “Madrid quedó vacía, sólo estamos los otros y por eso se siente la presencia de las plazas, los jardines y fuentes, los parques y glorietas … ” (Benedetti)

  9. Gracias por ese reconocimiento de mi Madrí, me encanta Madrid, es mi ciudad. Una ciudad preciosa pero denostada y desconocida, especialmente, por los madrileños. Somos quienes menos la miramos, y por eso, decimos que no es una ciudad bonita. Cualquiera que venga de fuera podrá decir lo contrario.

    • He mostrado a estocolmenses rincones de Estocolmo y se han quedado boquiabiertos. Tomamos a nuestras ciudades natales por algo cotidiano y no nos percatamos de sus encantos.
      A mí Madrid me fascinó, precisamente pues Lourdes me llevó a lugares inolvidables, castizos puros, nada de ampuloso ni turístico en ellos, Madrid puro y entrañable.
      Gracias a tí.

  10. Pues si, Madrid puede enamorar, pero es un caos total y absoluto. Mal diseñada y totalmente intransitable. Me crie en ella y siempre preferí la sierra que la rodea que la propia ciudad. Quizás por ello termine viviendo cerca , pero nunca dentro. Cuidate

    • He estado una sola vez, una corta semana y me gustó… como turista. Quizás sería pues recordé a los abuelos de mi familia y mi barrio. Comí, bebí y escuché cosas que me llevaron a la niñez y me reuní con Lourdes y familia. Entré cuatro veces al Prado y estuve casi una hora en el bar La campana, al doblar de la Plaza Mayor, disfrutando un par de bocadillos de camaraones que todavía me hacen la boca agua. Lo demás lo contaré en su momento.
      Gracias, Plared, el placer de siempre…

  11. Sabés, no podría escribir como vos, y me gustaría.
    Soy casi salvaje escribiendo, o sin el casi.
    Pero soy un cacho de Buenos Aires ; La ciudad de la furia.
    Y como no escribirle a Baires, la ciudad de la furia, y le escribí un post ; Claro que no pretendía abarcarla; No se si alguien podría hacerlo.
    Pero no me quejo, solo la siento.
    A veces cuesta entenderla, me crié con vecinos con culturas muy distintas.
    Ya desde el vamos, mi papi era de Cantabria y mi mami, austriaca de Eslovenia.
    Mis vecinos eran italianos, gallegos, alemanes, portugueses, judíos, polacos, criollos, el almacenero era turco y me olvido de algunos.
    Todos en la misma escuela pública.
    Al final uno sale muy particular.
    Nada importante, solo quería contarte.
    Rubén Ardosain

    • Este post no lo escribí yo, sino mi amiga que vive en Madrid: Lourdes Gómez.
      A pesar de ser cubano, hijo y nieto de cubanos, estudié y vivo en un barrio muy parecido al tuyo. Al leer tu blog me percato que no le crees los cuentos a nadie y eso me gusta. Hay mucho ingenuo, para no ofender, que todavía cree en políticos y religiosos (no es lo mismo?), ni tú ni yo lo hacemos.
      Un gustazo leerte, tus conversaciones con los lectores me recuerdan a Enrique Jardiel Poncela, otro que le sabía un montón a los panfletos y a las ideologías de café.

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