DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Sin levantar los pies

21 comentarios

Mes de julio en L’abana. El sol castigando, el sudor pegado a la piel, los espejismos emanando del asfalto de la Calzada del Cerro, olor a guayabas maduras, refresco de cañadonga y la vecina Rósula Colombat hablando horas sobre el carnaval de Santiago de Cuba.

¡Esos sí son carnavales! Los de L’abana son como ir a un teatro y ver pasar las carrozas… La gente solo mira y se emborracha.

Crecí oyendo la misma cantaleta. A los veinte años no aguanté más, me monté en un autobús interprovincial con mi vecina y su hijo René Nápoles para pasarme una semana en Santiago.

El Gallego, el historiador de la familia y su hermana Chicha, los hijos de Cuquita, me pasearon por una villa con mucha sandunga. Y me prepararon para las diferencias, el día 25, caminando hacia el barrio de Los Hoyos:

La conga habanera es elegante, con pasillos que marcar, por eso es tan aburrida, un baile de blanquitos. Para eso tenemos aquí también los paseos de carnaval, pa’ la gente fina. La conga santiaguera es la de verdad, corre de la sangre a la cintura. Se arrolla sin levantar las plantas de los pies y en chancletas. Si son de palo mejor pa’ que suenen.

Cuéntale de dónde salen, Gallego. La sensual Chicha le pide a su hermano, que me mira con sus ojazos verdes y explica:

Cuando en el siglo XVII los amos dejaron que sus esclavos salieran en las procesiones del patrón de la ciudad, Santiago Apóstol, se armó la gozadera. Eran kilómetros y kilómetros de recorrido. A la gente de los barrios más pobres se les metió en la cabeza algo pa’ no cansarse, algo entre caminar y bailar: arrollar.

Cuando pusimos el primer pie en Los Hoyos me sorprendió la homogeneidad de la muchedumbre. En mi barrio habanero del Cerro se mezclan razas y colores. Los Hoyos era alegría africana pura. Rósula y su hijo ya nos esperaban.

Sonó primero la trompeta china, luego los cueros de los tambores bien calientes y los hierros de las campanas dieron el ritmo. Arrancó la comparsa de Los hijos del Cocoyé.

Unos meses antes, siendo finalistas mi pareja de baile y yo, había perdido una competencia de baile por culpa de la conga habanera. No hubo manera de que aprendiera a bailar su coreografía, no la sentía, no pude bailarla. En Santiago estuve arrollando horas, con Rósula, cercana a sus setenta años, René y los hijos de Cuquita al lado mío. No sé si sentí lo mismo que ellos. Estuve casi en trance todo ese tiempo, la música metida en mí, yo metido en la música…

Jamás volví a chistar cuando Rósula habló sobre sus carnavales. En ninguna pista de baile he vuelto a sentir lo mismo, ninguna orquesta o grabación me ha dado fuerza para moverme horas y horas a su compás como aquella sencilla percusión, loma arriba, loma abajo por las calles de Santiago de Cuba. Eso… no lo olvido.

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21 pensamientos en “Sin levantar los pies

    • Quizás algún día podamos arrollar juntos en Santiago, Melba. Es una sensación rara, al principio me resistí un poco, luego me hice uno con la multitud. No sé si era el calor, mis vecinos (mi familia) arropándome, lo primitivo de la música… Una semana con ampollas en los pies después. 🙂 Pero valió la pena.

  1. Con este día lluvioso y gris, arrollar un rato detrás de esta conga me ha venido de perlas. Gracias!

  2. Mi buen amigo extrañaba que publicaras.

  3. Se puede apreciar que es como el tango, Ernán, un sentimiento que se baila. Con la diferencia del colorido, la alegría y la nostalgia amalgamadas como si fuese condición necesaria de una danza iniciática, que hace hervir la sangre sin perder la cadencia del ritmo. Una maravilla caribeña, al son de los tambores. Héctor

    • Algo hay de ritual en estas congas santiagueras. Las hermandades o cofradías de esclavos, agrupadas por sus naciones de nacimiento en África las originaron. Muchas tenían y tienen ceremonias secretas, no sería raro que la conga fuera parte de ellas.
      La trompeta china, un instrumento llevado por los coolies a la isla, los tambores africanos, los peligrosos estribillos improvisados en castellano por los participantes, la impronta de los esclavos haitianos que huyeron de las revueltas del siglo XVII… Todo revuelto: Santiago de Cuba.
      Gracias Héctor, saludos primaverales.

  4. 👏👏👏😃😃😃❤️

  5. Siempre son agradables ciertos recuerdos vividos con esa pasión propia de quien ante todo quiere a la tierra que lo ha visto nacer. De esas actuaciones y otras tantas, se compone la vida.
    Interesante relato que anidará en un riinconcito de la memoria por tiempo inmemorla!!
    Un saludo cordial

  6. Recordar es volver a vivir, se decía en mi juventud. Y yo no entendía de que hablaban… Ya llegó el tiempo de canas y añoranzas, sin dejar de gozar de la vida actual.
    Saludos y gracias.

    • Para las canas, tinte. Para las añoranzas, conga!

      • Anoche bailé con un remix de la Conga de Gloria Estefan. Poco tenía ya de este ritmo pero lo disfruté a mi manera, para asombro de algunos.
        Si de día lloras por las estrellas, no podrás ver el sol.
        Este cubanazo hedonista no puede dejar de serlo a ninguna edad. diga lo que diga mi pasaporte y aunque le pague impuestos al país que se lo merezca.
        Abre, que hay viene el Cocoyé, Luddita!

  7. Eres como un baúl lleno de recuerdos, Ernán…

    • Es la edad Eduardo. Ya me acerco a los sesenta, aunque siga al pie del cañón hasta que se acaben las balas. 🙂 Lo cierto es que vengo de una parentela muy longeva, donde la tradición oral es muy fuerte.
      Las cosas que cuentan mis padres, ochentones los dos y sus primas de Miami, ya en sus noventas. Podemos hablar horas por Skype y siempre tienen una anécdota sabrosa que contar.

  8. ‘Arrollar’ pa no cansarse ¿Bailan también cuando caminan? Un abrazo contagiado de ritmo arrollador

  9. Muchas Gracias por compartir..este video, me refiero al primero…Me gusto este video por multiples razones….

  10. Pingback: Sin levantar los pies | enseñarESPAÑOL

  11. ME PARECE PRECIOSO ESTE POST, COMO LOS OTROS :-))

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