DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Rumbo al Cairo I

24 comentarios

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De niño la magia de la tercera dimensión se reducía a unos aparatitos, los View Master, con ellos me asomaba a un mundo de cuentos de hadas, museos lejanos, lugares del planeta fotografiados con un realismo que sorprendía. Pero eran las imágenes de Egipto y sus tesoros lo que me desordenaba mentalmente. Durante mucho tiempo mi sueño fue conocer aquella tierra. Era, en mi imaginación infantil y adolescente, como montar una alfombra mágica, descubrir junto con Gulliver el país de los liliputienses o descender al centro de la tierra con Axel y Otto Lidenbrock.

En octubre de 2008, llegó la oportunidad de atravesar el Nilo, desde Lúxor hasta Assuan. Benditas sean mis manos llenas de callos, con el trabajo que las ha endurecido, por aquella coyuntura y otras.

Primer día:

El avión cruzó el continente europeo, desde Estocolmo hasta el norte de África, para aterrizar en Hurgada, en la costa del mar Rojo. El aeropuerto era una locura, filas aquí y allá, la gente desesperada… nadie sabía nada. Apareció Marianne, la guía de la compañía que organizaba la excursión y con su sonrisa llegó la calma. Unos minutos más tarde, mi amigo Jorge Ybarra y yo habíamos pagado veinte dólares cada uno y nos habían puesto las visas. Nos montaron en autobuses y nos llevaron al restorán de un complejo de hoteles. Allí nos sirvieron comida muy internacional, luego nos regalaron media hora para explorar la playa. Fui el único que corrí a meter mis pies descalzos en las aguas del mar Rojo: no se separaron. Lo que demuestra que de Moisés no tengo nada.

Nos volvieron a organizar en grupos. En el nuestro había noruegos, daneses, suecos y fineses. Ybarra y yo, los cubanos, éramos la atracción principal, los amistosos y conversadores. Íbamos a convivir durante quince días, nos pareció lógico conocer a nuestros compañeros de paseo.

La guía nos hablaba en una especie de escandinavo neutro, una mezcla de lenguas de la península. Nos aclaró que todo: entradas a los museos, viajes en faluca, bebidas y comidas, estaba incluido en el precio. Solo teníamos que dejarnos llevar y negarnos a comprar las chucherías que nos quisieran vender por la calle. Para eso nos enseñó a decir La, schuckrán. No, gracias, en árabe. Acompañado de un gesto de manos que se cruzaban de adentro hacia afuera a la altura de la cintura. Yo le sumaba un habibi y una sonrisa socarrona, algo que le provocaba mucha gracia a Marianne pero funcionaba muy bien.

Al caer la noche nos explicaron que formaríamos un convoy de cuarenta autobuses, escoltados por tanques de guerra. Cada vehículo tenía que estar a la vista del anterior y del que lo seguía, para evitar secuestros. Unas semanas antes, los ubicuos terroristas habían asesinado unos turistas belgas camino al templo de Abu Simbel.

Casi cinco horas duró el trayecto de Hurgada a Luxor. La mayoría durmió, yo no podía. Primero la caravana bordeó el mar Rojo hasta la villa de Safaga, de allí, por el desierto, al pueblo de Quena. Entonces: el Nilo. Aunque era de noche, mi fascinación se hizo real.

La egipcia no es la primera gran civilización, antes existió la sumeria pero aquel cauce de aguas sucias salpicado de torres militares con ametralladoras y aldeas pobres, el polvo del desierto sobre todas las cosas… Aquel río tiene el encanto con que la curiosidad humana lo ha ataviado desde hace siglos. Y allí estaba el guajirito de Cruces, más campesino que nunca, con los ojos abiertos tratando de captar la gloria que escondía tanta miseria: chozas de barro y paja, divanes rústicos en las entradas con personas durmiendo, pequeñas parcelas de tierra con sembrados raquíticos, faroles de queroseno, vacas con costillares como el de Rocinante, paz de cementerio. A pesar de eso o quizás por eso: soldados con uniformes de una talla mayor, armas y más armas, garitas cada quinientos metros, vigilantes que despertaban a nuestro paso.

Después de casi una hora recorriendo el Nilo, empezaron a surgir luces. A la izquierda: las ruinas de un enorme templo.¿Karnak? Pregunté alborozado a Marianne, quien recién abría los ojos. Su respuesta positiva me alegró aún más. Había hecho este viaje mil veces con mi imaginación.

En Lúxor, el fondeadero era una sopa de barcos. Para llegar al nuestro, el Helios, tuvimos que saltar y atravesar la cubierta de dos más. Registramos nuestros nombres en la carpeta y nos indicaron nuestros camarotes. En el comedor nos esperaba un refrigerio sencillo. Para los que quisieran, en la cubierta superior servirían bebidas. Después de desempacar, no quise perder aunque sea un segundo de mi primera noche egipcia. Contemplamos la orilla donde dormitaba el Valle de los Reyes y la majestuosidad de Karnak al otro lado, bebiendo una cerveza fría. Una travesía en la máquina del tiempo nos esperaba. Casi no dormí. Descendería a la tumba de Tut Ank Amon en unas horas. ¿Dormirías tú?

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continuará

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24 pensamientos en “Rumbo al Cairo I

  1. Yo también soy un apasionado de los sitios arqueológicos, lamentablemente aún no he podido ir a Egipto, pero me acuerdo de haber tenido unas sensaciones similares a las tuyas cuando estuve en Perú, Grecia o Roma, y cada vez que visito en España sitios donde antes ha habido civilizaciones ya desaparecidas. Son lugares que ejercen en mi un irresistible atractivo, testigos de nuestra historia. Seguiré con gusto tu serie sobre Egipto. Saludos, Ernán.

  2. Lo dicho, tienes alma de poeta cronista. Desmenuzas las escenas y las endulzas de lirismo para relatarlas como si fueran o formaran parte de un cuento de las mil y una noche. Una maravilla Egipto y su miscelánea de sensaciones y emociones. Eso sí, no te parece feo dar tanta envidia tanto por el viaje como por tu aspecto de felicidad. Me voy a tomar un trago de ron. Abrazotes

  3. “Egipto, vuelvo a ti…vuelvo a ti por el recuerdo de una reina muerta que aún vive en mi corazón…”Leí las aventuras de Nippur de Lagash en la adolescencia y me has devuelto a ese momento en que soñaba conocer Egipto. Seguiré esta crónica felizmente y la tomo como una señal del universo para ir a esa tierra misteriosa.

    Gracias por compartir, Ernán, un abrazo desde Argentina.

  4. Más, más quiero más. Gracias por anticipado

  5. Tengo un amigo que dice que solo visito lugares donde hayan existido antiguas civilizaciones, algo que me da mucha gracia.
    La historia antigua me apasiona, esa posibilidad de que estilos de vida e imperios desaparezcan de la faz de la tierra, hundidos en su propia decadencia, me maravilla. Qué provocó su auge? Qué su caída? Qué nos transmitió Roma, qué olvidamos de los antiguos griegos, qué misterios ocultan las ruinas mayas, incas y mexicas?
    Ojalá te gusten las crónicas sobre el viaje a Egipto. Fueron unos pocos días de mucho movimiento y muchas sensaciones, sorprendentes algunas, esperadas otras, satisfactorias todas…
    Saludos Raúl y muchas gracias.

  6. Ya nos tomaremos unos “ronazos” juntos, Manolito, tranquilo.
    Y prometo poner pocas fotos mías del viaje en las próximas crónicas, es que soy exhibicionista de nacimiento. 🙂 Leer tus comentarios me alienta siempre.
    Lourdes, mi amiga que vive en Alcorcón, me asusta con un: el próximo post tiene que ser mejor. Yo que escribo la mayoría como cartas a mi familia para contarles cosas que no han visto o recordarle otras. Y créeme que nada hay de modestia en este cuerpo de comilón de chicharrones.
    Un abrazote y gracias. Se te quiere, como decimos en Cuba.

  7. No conocía Nippur de Lagash y es una vergüenza. Tiene todos los ingredientes para volverme loco: aventuras, hititas, sumerios, destierros, egipcios, historia antigua, traiciones, amores imposibles… Y muy buenos dibujantes.
    Gracias Bella, por seguirme y por enseñarme cosas que vale la pena descubrir.

  8. Gracias a tí. El primer comentario que recibí sobre esta crónica fue: Te he llevado al templo de Debod en Madrid? Claro que había estado y me sentí transportado allí.
    Más tendrás de Egipto, en este blog y yo también pronto de tu Madrid.
    Saludos y muchas gracias!

  9. Ay! Ernan D. Expresas claramente ese espiritu que Julio Verne y toda la literatura infantil de viajes y aventuras produjo en nuestras inocentes mentes de futuros Indiana Jones… Siempre disfruto tus articulos y crónicas…Dios bendiga ese talento que tienes… y sí, sigue escribiendo pero no dejes de dibujar y pintar…

  10. Un millón de gracias, Enrique. Me alegra que disfrutes lo que hago. Y ya ves…

  11. Por cierto, te he llevado al templo de Debod?

  12. Si y lo disfrutamos mucho. Ya lo contaré. Madrid contigo fue una aventura. Coqueteé hasta con Pepita Jiménez en un banco de parque…
    Te di las gracias por tu ayuda con el texto? Gracias, Luddita mía!

  13. Ya estaba extrañando tus salidas Ernán, celebro que ésta haya sido con la excelente descripción de semejante lugar cargado de historia. De las fotos, ni hablar, buenísimas. Héctor

  14. Gracias Héctor. Nunca veo la ocasión para publicar mis “crónicas” de viajes. Siempre sospecho que con tantos detalles que pongo: aburren y me limito. Se las envío a mi familia, cada vez que pongo el pie en un avión de regreso a casa, para compartir el paseo con ellos.
    Les quito las referencias familiares y las pongo aquí, aunque esta de Egipto es la más larga, por suerte. Me alegro te gusten las fotos, andar cámara fotográfica en mano es otra de mis pasiones…

  15. Interesante artículo el que nos has dejado en el día de hoy para nuestro deleite.
    Un saludo codial.

  16. Egipto tiene algo que hace que en algún momento de nuestras vidas lo queramos visitar.

  17. Envidia, envidia sana. Es el mayor placer de los humanos … conocer, conocer y conocimiento.
    Un abrazo-e

  18. Que gusto el que te das recorriendo lugares tan maravillosos y llenos de secretos.

    Como siempre un placer leer tu blog y Felicidades.

  19. Gracias Emilio y saludos cordiales.

  20. Es como la aventura, la arquelogía y la historia unidas. Uno se siente solo turista, pues el tiempo de estos viajes es corto pero lo disfruta.
    Ya ves lo que hicieron en Nimrud. No solos molestan los seres humanos y sus ideas, también las piedras son peligrosas para los extremistas y fundamentalistas.

  21. Trataré de compartir todo (o casi todo) lo que ví, comí y sentí.
    La empresa para la que trabajaba entonces tuvo una ganancia muy por encima a la programada ese año y quiso regalarnos un premio. Si hubiera sido en metálico, los impuestos se llevarían mucho más de la mitad, así que nos dieron una lista de “regalos” a escoger. Cuando vi el viaje a Egipto dejé de leer las propuestas que venían detrás. Y así se paseó un cubano que limpia escaleras con un montón de escandinavos ricos. Los callos de mis manos fueron populares durante todo el viaje…
    Gracias Enrique, un saludo matinal.

  22. Gracias Jagxs. Me hubiera gustado descubrir unos cuantos secretos.
    Todos llevamos un aventurero en en alma. Y yo preferiría ser un Indiana Jones que un James Bond…
    Ah, las cosas que me hace decir mi café matutino…
    Saludos, amigo.

  23. Dan ganas de ir. Muchas. 😊 No solo por el lugar, ya de por sí fascinante, sino por la pasión con que cuentas las cosas, cada detalle. Me encanta. Y por cierto que me parece genial que tu empresa fuera tan generosa. La vida está llena de regalos.

  24. Fue un regalo único, lo sabemos los que hemos trabajado con ellos. 🙂
    El viaje más soñado y el más recordado, no puedo negarlo. Quizás por eso me sienta tan cómodo narrándolo.
    Muchas gracias, Susan.

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