DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Rumbo al Cairo II

14 comentarios

     rumbo 00rumbo 02                                                                                                                                                                        

Desayunamos al amanecer. Atravesamos el Nilo en un lanchón y nos llevaron en un autobús al Valle de los Reyes. Tomó unos quince minutos que Marianne, nuestra guía noruega, gestionara las entradas: acceso a tres tumbas, con la excepción de la de Tutankamón, un caro boleto que debíamos pagar aparte. Alguien nos aconsejó no hacerlo.

Un tren, sin rieles y descubierto, nos llevó al centro de la hondonada, rodeada de montañas y con una ausencia total del color verde. Tendríamos cuatro horas para explorar el lugar. Marianne nos explicó como guiarnos: Un sencillo rótulo de KV (kings’ valley) y un número identifican las sepulturas.

Primero visitamos el sepulcro de Ramsés VI. Sus corredores son amplios, bien aireados. El suelo estaba acomodado con maderos espaciados para mejorar el acceso en los lugares más inclinados. El techo y las paredes están cubiertos por imágenes del Libro de los Muertos y otros papiros. Tres mil años después de su construcción, el color y la forma se mantienen intactos. Una prueba de la cualidad, única del ser humano entre todas las especies de la tierra, de conservar la memoria mediante escritos, símbolos y figuras. Mi primer encuentro con el antiguo Egipto in situ no podía ser mejor.

Buscamos el panteón de Seti I. No los habían recomendado por sus muy bien conservadas pinturas. Dos tramos de escaleras divididas por un pasillo cansaron a mi acompañante pero la fascinación le daba fuerzas. Me produjo cierto agobio tener tanto que mirar: techos con calendarios astronómicos, dioses reconocibles, Anubis, Osiris y Hathor, escenas rituales del Libro de las Horas.

Como tercer enterramiento elegimos uno cercano al de Tut Ank Amón, solo por su ubicación. No teníamos idea de quién era Merenptah. Nos enteramos de que era el hijo decimotercero de Ramsés II. Cualquiera creería que su padre pasaba todo el tiempo en la cama fabricando posibles herederos al trono pero también se dedicó a enviar a la mitad de la población egipcia a diferentes guerras, el resto se quedaba en el país tallando estatuas y levantando monumentos o barriendo el piso del inmenso y atiborrado harén.

La tumba de Merenptah tenía el techo más alto y las cámaras más espaciosas que vimos. Bajamos por un pasillo inclinado después de una entrada con bajo relieves y pinturas en bastante mal estado. Me deslumbró el salón de las columnas, que Merenptah dedicó a su padre. En lo más profundo descansaba un imponente sarcófago de granito rosa. La cámara funeraria que lo contiene, las ocho columnas rectangulares y su techo abovedado, me provocaron la sensación de estar metido en la escenografía de una película de Indiana Jones. Valió la pena el complicado recorrido, a pesar del mal estado de la decoración y de que Merenptah fuera solo un hijo con mucha suerte. ¿Cómo murió la anterior docena de vástagos de Ramsés II con más derecho a reinar? Complicados accidentes y singulares suicidios. Nada nuevo bajo el sol para llegar al poder o mantenerlo. Aunque Merenptah fue un buen monarca, al menos es lo que se puede leer en los jeroglíficos mandados a escribir por él mismo.

Unos pasos después nos esperaba el lugar donde Howard Carter viera maravillas a través de un agujero, en el acto de voyeurismo más conocido en la historia de la arqueología. Nos acercamos al guardia. Por un simple guiño de ojo y diez libras egipcias nos dejó bajar, sin billetes, a la famosa KV 62, la tumba del joven faraón Tut Ank Amón. La expectación me hizo sentir hormigas en toda la piel.

Descendimos una escalera estrecha y sin ornamentación alguna, atravesamos un pasillo que lleva, a través de un par de recovecos, a una sala pequeña, la única decorada. Frente a mí tenía la imagen del View Master que había provocado la obsesión por Egipto en mi niñez: Una caja de cristal con la momia de Tut Ank Amón. Jorge Ybarra y yo nos miramos, encogidos de hombros por la decepción.

El rey Tut murió casi niño, no había dado tiempo a construir su panteón y metieron sus restos en el primer hueco que encontraron. El verdadero fausto faraónico, las maravillas que descubrió Carter, se exhibían en el Museo Arqueológico del Cairo. Una semana después nos dejarían con la boca abierta.

Regresamos en el tren de mentiritas a la entrada, un edificio moderno y aburrido con una maqueta del valle y algunas fotos. De allí el autobús nos llevó al cercano restorán Abd el-Rassoul. La mayoría escandinava pidió platos europeos, los cubanos quisimos comer lo más típico egipcio. Comimos mashi, un delicioso arroz con carne caprina picada, pistachos, almendras y piñones asados, sazonado con canela y nuez moscada. Cerveza casi helada para acompañar. De postre: guzeya, un merengue horneado con coco rallado y un ligero sabor a vainilla. Egipto visto, escuchado, olido, tocado y comido. Como se debe.

Llegamos el Templo de Hatshepsut pasadas las dos de la tarde. Después de la decepción de la tumba de Tut Ank Amón, el sitio me levantó el ánimo. Un edificio saliendo de las paredes verticales de la montaña. Las espaciosas rampas de entrada en el mismo centro de las tres terrazas, el amarillo de la piedra con que lo construyeron, el colorido de los globos aerostáticos que surcaban el aire… todo le daba un aire de majestuosidad.

Hatshepsut fue la tercera reina egipcia que recoge la historia, sus imágenes llevaban la falsa barba de los faraones como atributo real. Le tomó años llegar al trono, mediante una serie de intrigas y la ayuda de amistades influyentes. Le gustaba mucho construir, para eso nombró a Senmut arquitecto real. Pasaban horas revisando planos en sus habitaciones privadas. Todo lo levantado por Senmut sigue en pie, también era bueno edificando.

Me pareció poco el tiempo en aquel lugar, una impresión que se repetiría muchas veces en el viaje. Demasiado que ver en solo tres horas.

En la primera terraza los muros están pintados con escenas de la vida cotidiana de la época, en la segunda, un montón de pilares cuadrados separados en dos pórticos ilustran el nacimiento divino de Hatshepsut, hija directa del dios Amón y la crónica dibujada de su expedición comercial al Punt (Somalia). Entre los dos pórticos: la capilla de Anubis, el dios con cabeza de chacal que cuida el paso al reino de los muertos.

Terminamos nuestra estancia en la ribera occidental de Luxor con una visita a los llamados colosos de Memnón, que representan al faraón Amenhotep III sentado. Son lo único que queda de un gran templo destruido por un terremoto.

Regresamos al barco, nos duchamos y tuvimos nuestra primera cena en el restorán del Helios. Volví locos a los cocineros preguntando por sus platos más locales. Comí filetes de lenguado del mar Rojo en salsa de vinagre y ajo. Terminamos la noche en la cubierta con una copa de aragi, un licor de dátil.

Debíamos descansar. Al otro día visitaríamos los templos de Luxor y Karnak, repletos de estatuas de Ramses II, el modesto padre de Merenptah. Allí la curiosidad estuvo a punto de matar al gato… O de destruir la estatua de una diosa leona.

continuará

rumbo 04rumbo 08

Anuncios

14 pensamientos en “Rumbo al Cairo II

  1. Fascinante Egipto, desde que pequeña me decía que quería ir en la búsqueda de sus antigüedades. Ahora leyéndote, esas fantasías, más cercanas hoy, vuelven a pellizcarme… A ver cuando puedo recorrer tu itinerario. Besos.

  2. Una gran aproximación a Egipto. Ya espero la siguiente entrada, Ernán.

  3. Todo un auténtico placer seguir tus viajes-crónicas-aventuras. Todavía sacarás otro blog con crónicas de viajes emocionales desde donde podremos seguir de forma semanal tus itinerarios llenos de placer, cierto cándor y mucha humanidad, no exenta a lo lejor de un perfume de ron que hace un sueño el final del viaje. Como siempre, muy bien la crónica y muy ilustrativa. Cuidate y ahí seguimos. Abrazotes

  4. Me gustaría mucho viajar a Egipto; es uno de mis sueños pendientes. Gracias a ti me aproximo…
    Besos.

  5. Ernán, se nota que Egipto te ha pegado fuerte, suele suceder no muchas veces y es, aunque sea alocado, para pensar en algún recuerdo de vidas pasadas, tal vez sea tu caso. A mí me pasó en Hamburgo hace muchos años cuando visitaba la torre de la iglesia de San Nicolás.
    ¨Crucé el río Elba a través del corto túnel subfluvial hasta Sankt Pauli y de allí unos pocos kilómetros a pie, bordeando la Autobhan Este-Oeste, se llegaba al centro. A media distancia, la aguja de la iglesia de San Nicolás, negra por la pátina del tiempo y bastante dañada por efecto de los bombardeos durante la segunda guerra mundial, cuando la ciudad y el puerto quedaron reducidos a escombros. La cinta asfáltica, entre las ruinas, se bifurca para preservarla y los autos circulan alrededor en constante fluir. Dentro del templo, el sonido amortiguado transformaba los ecos del pasado como si perforaran las piedras, era un silencio raro, sobrecogedor. Por ser día laboral me encontraba solo, la ausencia de otro individuo para compartir o ser punto de referencia, me sentía pequeño ante la grandiosidad del monumento y, literalmente aplastado por el peso de la historia. La mole de piedra y mármol, pese al deterioro se erigía triunfal proyectando la aguja a las alturas. La nave central, carente de bóveda, mostraba su interior a cielo abierto, las paredes cascadas y ennegrecidas por las explosiones exhibían esas viejas heridas todavía sangrantes. Erizaba la piel pensar en los fieles que oraban al ser sorprendidos por las bombas, como lo rezaba una placa de bronce, muriendo la mayoría. Los pilotos que lo provocaron, seguro tan cristianos como los condenados, a su vez rogaban a Dios no ser alcanzados por el fuego de los cañones antiaéreos. Como un eco lejano podía imaginar el bramido de los aviones arrojando las cargas letales, mientras, dentro del templo la gente indefensa, esperaba la protección divina. Esa noche, a pesar del cansancio por la extensa caminata y tratando de desentrañar la conmoción que me produjo esa visita, no pude conciliar el sueño¨ Al conciliarlo soñé con mi hijo más chico no nacido aún pero, cuando tenía solo uno y sin conocer aún su sexo, ahora de 38 años en aquel momento mi señora estaba embarazada de él y , en caliente le escribí una carta que quedó como documento. Un abrazo. Héctor

  6. Tuve un momento de magia en la segunda terraza del templo de Hatshepsut. Me paré allí y vi la extensión del desierto, los colosos de Memnón y la franja verde que acompaña al Nilo. Un lugar maravilloso para que lo entierren a uno. Lejos del las escaleras que limpio, los sótanos que barro y este guetto de hormigón armado con edificios rectangulares que habito.
    Descubrí, con tanto sol y tanta historia alrededor míos, que mi trabajo era el precio que tenía que pagar por las maravillas que he visto y disfrutado. A los ricos le será tan fácil que no sabrán apreciarlo, un inmigrante cubano en un país como Suecia sabe apreciar el balance: esfuerzo: placer.
    Quién te lo hubiera dicho? Me escribió mi mejor amigo que vive en Canadá hace mucho tiempo. Tiene toda la razón del mundo. En Cuba en mi niñez y juventud no me atrevía ni a soñar con visitar Egipto, era como un mal chiste y ya ves…
    Que Dios me perdone si resulto orgulloso. Verme allí me produjo una combinación de humildad y satisfacción muy rara. Una maravilla tras la otra, recordando constantemente gente que quería, que debería estar allí conmigo.
    Gracias Magelita, ojalá puedas ver esa tierra maravillosa. De veras te lo deseo.

  7. Me es complicado limpiar estás crónicas que son mucho más largas. En un libro funcionarían bien como están, mas un post en el blog tiene una extensión limitada. Elimino mis estados de ánimo espirituales y las referencias familiares.
    Egipto es una tierra de contrastes sorprendentes, ya hableré de eso, a su tiempo
    Un abrazo y otra vez, gracias Eduardo.

  8. Ah Manolito! Barajamos varias ideas para el blog, incluso uno pornográfico con mis comics, al final decidí probar por un año con Después de la Media Rueda. Ya casi llevo dos y aún hay escritos por revisar y publicar, al menos para tres años más.
    Muchas gracias, amigo. Quizás te resulten candorosas pues elimino las anécdotas picantes, alguna vez las hay… 🙂

  9. Siempre te leo con admiración. Puedes llenar de espiritualidad un viejo barco o una iglesia desolada. Y este escrito sobre la Iglesia de San Nicolás en Hamburgo no puede ser más místico, premonición incluida. He eliminado alguna de esas experiencias de mis crónicas de viaje, quizás las cuente aparte en otra oportunidad.
    Gracias Héctor. Tus comentarios son un lujo.

  10. Mina:
    No dejes de soñar, nada es imposible. Hay que saber dónde está la oportunidad y aprovecharla, priorizar y sacrificarse. Suena formulario, lo sé pero al final funciona.
    Besos y mucha suerte.

  11. Hola Hernán, un interesante relato el que nos dejas para ampliación de nuestros conocimientos. Es muy halagador y reconfortador para alimentar nuestro espíritu, el poder presenciar semejantes reliquias de esos antepasados que ha saber que influencias tenían, pues de habla de gente o seres provinientes de otros planetas, Teorías como tu sabes hay varias.
    Un saludo cordial amigo

  12. Hola, amigo Emilio:
    Has tocado un tema candente. Nuestros científicos no tienen aún suficientes datos para dilucidarlo y existe mucho sensacionalismo detrás de la mayoría de esas teorías. Pero me parece muy lógico buscar una respuesta a algunos misterios.
    En el viaje vimos cosas solo posibles en una civilización con una lógíca avanzada. Lo ponen a uno a dudar. Ya lo comentaré a su debido tiempo.
    Gracias por el comentario y saludos.

  13. Un sitio al que algún día ire. No se si sera pereza o cualquier otra cosa, pero aunque siempre me fascino esa cultura, nunca lo visite. Y habiendo estado en mas de cien países, tiene desde luego delito no haber visitado este. Cuidate

  14. Es un país de fuertes contrastes, la miseria más grande para muchos de sus pobladores y un lujo oriental para turistas. Si te gusta la historia antigua: vale la pena disfrutarlo. Mejor con calma y acompañado.
    Saludos desde un Polo Norte muy primaveral.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s