DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Rumbo al Cairo VIII Abu Simbel

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Nos llamaron para despertarnos a las tres menos cuarto. Yo estaba ya vestido con mis mejores trapos, iba a cumplir un sueño ese día.

Amín nos esperaba con un termo de café por todo desayuno. Éramos solo una docena de atrevidos: unas semanas antes habían acribillado a balazos a unos turistas, de camino a Abu Simbel. La gente tenía miedo.

Cuando subimos al autobús nos dieron una caja con el almuerzo. Nuestro camarero nocturno dio una vuelta al vehículo y me trajo otra a escondidas. Los cocineros, a los que creía molestar con mis preguntas y mi entusiasmo, no querían que pasara hambre en el viaje. Me reía de esa gentileza, mientras nuestro transporte se unía a otros autobuses y carros blindados.

Ver amanecer en el desierto es una experiencia que no aparece en ninguna guía de turismo. Poder contemplar el horizonte durante horas, sin dunas, árboles ni edificios, solo arena y un cielo oscuro con miríadas de estrellas, no tiene comparación. Una cortina amarillo rosa comienza a correrse desde el este, la lentitud con que los colores penetran el azul añil, con el ocre del suelo amarrando todos los tonos, el silencio, la falta de figuras que entorpezcan el fondo… Creo que es la razón por qué los antiguos veían al sol como un dios, que trae luz y vida con él.

A primera hora de la mañana, avistamos el autobús donde habían asesinado a los turistas. Allí estaba aún, quemado y retorcido en medio del desierto.

Preferí pensar en otra cosa: Marianne nos había contado como un joven de la zona, nombrado Abu Simbel, sirvió de guía a Belzoni, el aventurero italiano que desenterró los templos. El emplazamiento, muy aislado, tomó su nombre.

Recordé también de dónde había surgido mi obsesión con Abu Simbel: Mi padre era un ávido coleccionista del Correo de la UNESCO, todavía quedan cientos de ejemplares en nuestro desván. Uno de ellos estaba dedicado en exclusiva al traslado de los templos a un terreno que no inundase la represa de Nasser. Tomó años aserrar, transportar y situar las piedras en su nuevo enclave. Mi fantasía había convertido toda aquella historia en una aventura.

Llegamos, entramos por detrás de la colina y fuimos dando la vuelta por un costado hasta que aparecieron los dos templos. Imposible describirlos sin adjetivos exagerados. Sentí paz ante tanta majestuosidad.

Estuvimos tres horas en el lugar. Deambulé, metido en todos los rincones, hipnotizado por cuanto veía y podía palpar a escondidas. Ciento ochenta minutos de satisfacción y deslumbramiento. Allí estaba de nuevo el guajirito de Cruces, cumpliendo un sueño.

De regreso al Helios, donde pasaríamos una última noche, reconocí, aliviado, que algunos espejismos pueden ser hollados. Solo hacen falta paciencia, perseverancia y suerte.

Por la tarde descansamos en cubierta. Me dejé dar un masaje profesional y luego me dispuse a relajarme junto a la piscina. Nos disfrazamos para la fiesta de despedida, después de cenar. El dj quiso sorprendernos y puso Conga de Gloria Estefan. En pleno río Nilo, di una demostración de meneo de cintura a lo cubano barriobajero, que todavía debe recordar toda la tripulación. Los escandinavos me miraban boquiabiertos.

Al día siguiente necesité otro masaje, antes de partir, por fin, rumbo al Cairo…

                                                                                                                                                                                    continuará

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4 pensamientos en “Rumbo al Cairo VIII Abu Simbel

  1. ¡Amanecer en el desierto!!! Y llegar a Abu Simbel… y no era un sueño, estabas viviendo una realidad mágica. Después de este viaje y sus sensaciones, despídete, no tendrás acceso a ninguna reencarnación, has disfrutado de una porción de poesía vital demasiado generosa. No sabía el origen del nombre de Abu Simbel, me gusta. Y además queda añadido el peligro en el camino de la aventura. No se puede pedir más. Un viaje irrepetible del que debes seguir recordando todas las anécdotas e impresiones para enriquecernos. Abrazotes

    • Ay Manolito!
      Muy de acuerdo contigo. Unos meses después celebré mi cumpleaños número cincuenta en Creta, en el Palacio de Knossos, el laberinto del Minotauro! Fueron años de constantes viajes…Si el colesterol me deja, habrá tiempo para contarlos todos.
      Dejo un montón de anécdotas en el tintero, sobre todo las picantes. 🙂 En el templo de Ramsés II, el modesto padre de Merenptah, hay una capilla lateral con varios bajorrelieves dedicados a Minh, el dios de la fertilidad. Se representa con una empinada erección que sobrepasa el ombligo, para sonrojo de algunos, diversión de otros y envidia mía…
      Gracias y abrazotes.

  2. Ernán, lindo número el 50. Cuando con unos años menos me tocó estar fondeado con un barco en el antepuerto de Bengazi en Libia, y el espectáculo que más me conmovió fueron los amaneceres.

    ¨La salida del sol era el espectáculo que graciosamente ofrecía la naturaleza. La bola ígnea al despegar del horizonte se elevaba en el firmamento y parte del fuego rebotaba de nuevo en la tierra, derramando lenguas incandescentes que parecían demorar su ascenso. El espectáculo duraba lo suficiente para deleitar ojos e imaginación. Cada uno de los cuarenta y cinco días que pasé en Libia esperaba esos amaneceres, siempre carente de nubes. Era una ¿comunión con Dios? O tal vez la manera en que quería representarse ante los hombres. En mi calidad de agnóstico dudo, pero no lo niego¨

    A mí también me sorprendió el origen del nombre Abu Simbel, el individuo que pasó a la historia sin haberlo esperado, Abrazos. Héctor

    • Francamente Héctor, escribir y publicar mis entradas es un placer, pero poder leer comentarios como este y otros es una delicia.
      He esperado el amanecer tirado en el malecón habanero muchas veces. En el Trópico, junto al mar Caribe es una visión que da una base a la espiritualidad.
      Aquí tendremos dentro de unas semanas el sol de medianoche, algo indescriptible. Trataré de hacerlo y de tirar fotos para postearlo aquí.
      Un abrazo y gracias por llevarme a pasear a Bengazi en Libia.

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