DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Bitácora nostálgica, de un cubano que vive hace más de dos décadas en Suecia


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Apadrinando palabras

Luddita me habla de verbos, palabras y frases que tienen sabor a tiempos idos, como telegrafiar, telegrama, discar, cassette, almidonar, retratar… Las nuevas técnicas y maneras de vivir las han hecho anacrónicas, obsoletas, innecesarias. Otras eran usadas por nuestros padres y abuelos, como chambrita, chaperón, alambique, reverbero, marmita.

«¿Cuáles rescataríamos de las cubanas barrioteras?» Le pregunto. Sin pensarlo una milésima de segundo, responde:

Picúo, ya está casi en desuso. Quiero apadrinarla. Su ejemplo es irrefutable. Un compañero de trabajo necesita una moneda de diez céntimos de euro para comprarse un refresco en la máquina, se la doy y al otro día me la intenta devolver. ¿Cómo definirlo? ¿Ridiculez? ¿Tacañería? Es un picúo, cometiendo picuencias.

Estoy de acuerdo, picúo es la ridiculez llevada al punto extremo: vestirse de una manera exageradamente elegante o pasada de moda, admirar a Putin, comer emparedado usando cuchillo y tenedor, decirle a Donatella Versace que se ve muy fresca y juvenil, usar lentes oscuros por la noche sin ser vampiro, arrastrar un carrito de la compra para llevar una sola manzana, cubrirse con un abrigo de visón, darle importancia a una moneda de poco valor, considerándola una deuda vergonzante entre amigos.

¿Y tú, cuál apadrinarías? Pregunta mi musa.

Discar. La deliciosa sensación de meter el dedo en el disco del teléfono, arrastrarlo al número deseado y dejarlo volver a su lugar… Una ceremonia previa a la conversación, una espera que convertía la llamada en algo mágico. Teléfono hecho altar y pitonisa, clave Morse y señal de humo. Ahora pulsamos el botón de la memoria y un número, iphone, Sonny o Samsung hacen el resto, con rápidez y eficiencia instantánea, sin misterio.

Se podían recibir telegramas leídos por teléfono… ¡Ah, los telegramas!

Eso si era expectativa, unas cuantas palabras para anunciar nacimientos de nuevos primos o felicitaciones por el cumpleaños. El cartero gritando: ¡Telegrama! El corazón se le ponía a todo el mundo en la boca, podía ser la muerte de un ser querido.

¿Y cuando pasaba el carro de la funeraria por la calle o ululaban las lechuzas?

Las viejas se persignaban. ¡Sola vaya o mal acompañada sea! Solavaya llegó a convertirse en una exclamación de miedo. Ya nadie la usaría… Parecería tan picúo.

Nostalgia por palabras que desaparecen, la evolución de los léxicos las exterminan pues no se adaptan a los nuevos tiempos. ¿Son palabras débiles y vacías? ¿Estarán patria, amor, sacrificio, valor, entereza y moral entre ellas? ¿Cuál defenderías tú, amigo lector?