DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Bitácora nostálgica, de un cubano que vive hace más de dos décadas en Suecia


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Con el son por puerto 3. Habana

Tenía tres años cuando llegamos a L’abana. La conocí a través de los ojos de mi padre. Me sentía marinero al cruzar su bahía en la lanchita de Regla, buscando tesoros escondidos por corsarios o caracolas y algas secas en los tres castillos que la protegían de los piratas. Amé esa ciudad como lo hizo Fernando Mulens al componer Habana.

En el casi danzón Hoy mi Habana de José Antonio Quesada, Xiomara Laugart nos permite la esperanza. Los dos hacen vestir a la urbe con sus mejores galas, sentándola en un balcón, a abanicarse y escuchar guitarras.

Marta Valdés, en la voz de Miriam Ramos, quiere mostrarnos esa ciudad suya que no sabemos mirar. Nos quiere sacar a pasear por debajo de los arcos de un portal. Quizás la suya sea una capital vestida con traje nuevo, que algún niño sabrá no ver.

Y es que la ciudad estará en realidad desnuda, esperando aún por una Celia Cruz a la que nunca dejaron regresar. Desde donde esté cualquier cubano hasta L’abana, siempre habrá un camino. El mismo que anduve de niño buscando tesoros, caracolas y algas secas. La misma travesía con que pintamos de nostalgia nuestro barco los ausentes de la isla, son a son.