DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Bitácora nostálgica, de un cubano que vive hace más de dos décadas en Suecia


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La tigresa de Cremona

Fui un adolescente precoz, a los doce años me había enamorado como una heroína de Corín Tellado. Sudoraciones, insomnios y palpitaciones al escuchar el nombre de la persona amada. Hormonas y penas, golpeándose unas a otras para matarme de amor.

Yacía en un sofá, a oscuras y suspirando, cuando me llegó, desde la televisión en la sala, la voz de una cantante italiana fraseando Y si mañana. Quedé enganchado para siempre, un desengaño amoroso me había convertido en la sombra de una perdida felicidad.

Cuando la escucho, las habitaciones no tienen paredes ni hay puertas que me limiten. Lo descubrí la primera vez que vi en la televisión a Mina Mazzini, a principios de la década de 1970.

Ahora, un fuerte resfriado me tiene en cama y mientras agonizo, por si finalmente muero, escucho a mi diva favorita. La más grande… Soy un minodependiente.

La RAI prohibió sus actuaciones en la radio y la televisión al principio de su carrera, por convertirse en madre soltera. Tanta fue la presión popular, que la Tigresa de Cremona, como la llaman sus fans, regresó a los escenarios de su país.

Mina no dejó de grabar discos en 1978, cuando se retiró de la vida pública y los conciertos. Huyendo de esos papparazzi que no le hacen falta para ser popular. Dedicándose a su familia, sin perder jamás su público.

Escúchenla quienes no la conozcan. Es intensa, gestual, dramática, quizás excesivamente italiana. Eso es lo que más aprecio en ella, el sabor a península itálica que la define y la hace internacional.

Ahora, que los virus me castigan con un encierro forzoso, su voz privilegiada me abre puertas, soy joven y estoy enamorado, de nuevo por primera vez.

Gracias Mina Mazzini.