DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Bitácora nostálgica, de un cubano que vive hace más de dos décadas en Suecia


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Con el son por puerto VI: Sagua la Grande

Con viento en popa, a toda vela, nuestro barco sigue la costa norte hacia el este. Atraca en la villa de la Purísima Concepción de Sagua la Grande, en su puerto de la Isabela. Una fantasía en ruinas. Alguien nos hablará de pesca, azúcar de caña, maderas preciosas, poblados flotantes y playas. Nos contarán porqué la llamaron la Venecia de Cuba, la villa del Undoso y otros títulos para enamorar turistas.

Yo solo pienso en filibusteros y corsarios. En los tesoros que escondieron en los cayos sagüeros Henry Morgan, el Olonés, Francis Drake, Laurens de Graaf, Cornelius Jol, Jean Laffite, el pirata mulato Diego Grillo… Sueño con las riquezas que convirtieron a una pequeña ciudad en la segunda más industrializada de la Isla en la época Republicana.

Ningún pueblo cubano tiene tantas leyendas de enterramientos, lagunas embrujadas, peces inmensos, ánimas que protegen fortunas escondidas, gigantescas serpientes voraces y hombres mono.

Aquí Pánfilo de Narváez anduvo los puentecillos del palafito taíno y comió papagayos hasta saciarse, en 1512. Aquí Cuba construyó su primer alcantarillado, fundó su primer colegio laico, instaló su primera red telefónica…

La prueba de tanto esplendor duerme entre escombros, paredes que bailan y postes marinos sin propósito. Algún día los piratas que descansan en sus tierras, se encargarán de despertarla y volver a enriquecerla. Sagua recuperará su encanto y volverá a ser la Grande.