DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Bitácora nostálgica, de un cubano que vive hace más de dos décadas en Suecia


18 comentarios

Herencia africana

 

Llegaron desde la actual Nigeria, hacinados en barcos, con grilletes en tobillos y manos. Sus captores les daban poca agua y menos comida. Los pocos que sobrevivían la travesía en cada nave, marcaron el Caribe con su música, con sus bailes, con su lengua, su religión y sus tradiciones. Tras quinientos años de estancia en la región tropical las mantienen, bañadas en sudor, nuevas esperanzas y sincretizadas con el catolicismo a que los forzaron. En la lejana África pocos saben que mucho del patrimonio perdido con la esclavitud, sobrevive en Brasil y en las Antillas.

Orishas llaman a las cuatrocientas y una deidades de su portentoso panteón, patakin a sus filosóficas leyendas, Regla de Ocha a sus creencias religiosas, mezcla de carne y espiritu: el Alafín de Oyó es su respetado rey, sus tambores más sagrados son los tres batá, Ifá sus artes adivinatorias, babalawo sus sacerdotes…

Son los descendientes de los dieciseis reinos originales de los Yoruba, para siempre convertidos en la raíz de un tronco que se levanta en mi tierra, la adorna, le infunde alma, la obsequia con sabores y ritmos.

Fernando Ortíz, Lydia Cabrera, Natalia Bolivar y otros han profundizado en la cosmogonia africana de guerras, amores, cazadores, muerte, venganzas y pasiones. Un mundo que no me atrevo a exponer por desconocimiento, mas del que no puedo prescindir.

Creo que no hay cubanía sin yorubas, no hay una espiritualidad cubana sin la santería

Por su herencia y con sus dioses, se canta y baila en estas dos muestras. Iniciada queda la propuesta, agradeciendo al travieso Elleggua, dueño de los destinos, las llaves y los caminos.

Maferefun, papá Elleggua. ¡Y aché pa’ todos!

Anuncios