DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Bitácora nostálgica, de un cubano que vive hace más de dos décadas en Suecia


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Músicos cubanos VI

Cuando en la paz de las funerarias de Santiago de Cuba imperaban los gritos de «¡qué no se lo lleven por parte de las viudas afligidas, a Rósula Colombat, mi vecina, no le quedaba otro remedio que ir a tomar café con leche y comerse un pan con algo, colándose en los velorios de los desconocidos.

No iba sola. Un grupo de jóvenes la acompañaba, todos tan hambrientos como ella. Entre ellos Ñico Saquito, que, además de la comida gratis, no se perdía anécdota ni chiste. El evento social y alimenticio era colofón para narrar historias picantes y reír con disimulo. Con el tiempo y su guitarra Ñico las convirtió en guarachas.

Años después, cuando Saquito era ya popular, se «ajuntó» con una hembra bella pero mandona. María Cristina quería gobernar al gran guarachero. Un día el hombre fue por cigarros. «Espérame que vuelvo» y se la dejó en la mano. Jamás regresó.

Rósula me llevó a conocerlo a ”La Bodeguita del Medio” en la década del setenta. Claro que él recordaba los ojazos verdes de aquella mulata de cabellera lacia aunque ya estuviera canosa.

Pasamos un rato entre jaranas y canciones. Cuarenta años después, aquella media hora con el compositor de ”Cuidadito compay gallo” y el sabor de mi primer mojito en el lugar donde se hacen los mejores del mundo, me alegran los bajo cero de este invierno polar.


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Músicos cubanos V

Sindo Garay vivió ciento y un años, a esa edad dictaminó que «la vida era muy corta.» Nunca estudió música, se ganó los frijoles trabajando de maromero en un circo y no fue respetado por los intérpretes clásicos de su propio país.

Alguien dijo que la cubanía es un sueño romántico de la burguesía, para mí no hay Cuba sin ese humilde Sindo de pueblo, sin su Bayamesa o sin La tarde o sin Retorna o sin esa Perla Marina que me pone a llorar.

Sindo, el creador de la trova santiaguera, el niño que llevaba mensajes a los mambises y que estrechó la mano de José Martí. Sindo, al que Federico García Lorca llamó el faraón de Cuba. El compositor de seiscientos motivos de orgullo, de seiscientas formas de amar a un país.