DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Bitácora nostálgica, de un cubano que vive hace más de dos décadas en Suecia


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Con el teclado en los genes

Dicen que todo caribeño que se tenga por tal lleva la madera de las claves, el cuero del tambor, las cuerdas del tres y del piano, las semillas de las maracas y el chéquere en las entrañas. Dicen que bebimos del cante jondo, de las contradanzas francesas, del lamento y los ritmos africanos, de la ópera italiana y de la trompeta china y nos metimos todo eso, en la garganta, en las manos, en la cintura y en los pies. Dicen bien, opino.

Dicen que Chucho Valdés y Gonzalito Rubalcaba continúan la tradición de la pianística antillana, que la han reinventado, que por sus teclados pasan Manuel Saumell, Ignacio Cervantes, Ernesto Lecuona, Frank Emilio, Peruchín… y todos los grandes pianistas de nuestras islas. Dicen también que suenan en sus dedos el guajeo del son, el repique de la rumba, el tumbao de las claves, la voz de los esclavos africanos, la impronta de la España que nos colonizó durante cuatro siglos…

Dicen que Gonzalito es el hijo de Gonzalo Rubalcaba y que Chucho es el hijo del Bebo Valdés. Al piano los padres, al piano los hijos.

Y ahora me toca a mí decir que anoche los vi en un Konserthuset de Estocolmo, repleto de latinos. Más que un duelo entre dos músicos, teclados y cuerdas por medio, fue un regalo de los orishas para un público incrédulo. Chucho sonó a veces como dos intérpretes, tocando una melodía con la izquierda y otra con la derecha, armonizadas por otras dos manos invisibles. Gonzalito convirtió en una orquesta wagneriana su piano de cola, con una digitación vertiginosa y ese toque tierno y dramático en las baladas, que estremece.

Algún cronista trasnochado dirá que el público pidió un bis: una A night in Tunisia de Dizzy Gillespie cubaneada casi hasta lo irreconocible. Comentará el escribidor que por momentos creyó tener al Bebo y al viejo Gonzalo, al lado, aprobando con su aplauso. Diría, sin temor a equivocarse, que anoche en el Konserhuset, Chucho Valdés y Gonzalito Rubalcaba desarmaron y armaron nuestra música. Para poder hacerlo como lo hicieron, hay que llevar el teclado, la clave, las maracas, los tambores y a Cuba en los genes. Y estos dos maestros llevan muy adentro todo eso, no hace falta decirlo, basta con escucharlos.

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