DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

De ratones y arbolitos de Navidad

23 comentarios

Estaba terminando noviembre de 1969. Las temperaturas habían bajado a veinticinco. Mi madre se cubría con mantas para ver la televisión, después de beber ponche de leche. Yo comenzaba a molestar a Tía Nena.

¿Cuando vamos a poner el arbolito? —y la tocaba insistente en el hombro.

Mi padre había carpinteado una especie de conífera con ramas secas y una base de madera, pintada de blanco. Era, año tras año, nuestro arbolito de navidad, que entonces habría que esconder en el comedor. Habían prohibido celebrar fechas religiosas pero la Nochebuena se cenaba en familia. «Ahora que son niños que tengan ilusiones, después la vida se encargará de enseñarles realidades», filosofía materna.

¿Cuando toca poner el arbolito?

A veces formaba dúo con mi hermana Carmen; otras se sumaban los primos. Para ellos yo era una especie de capitán. 

¿No es hora ya de poner el arbolito?

Al fin Nena cedió. Sacamos las cajas con los adornos. Cuando las abrimos vi, por primera y última vez, un nido de ratones. Allí estaban los recién nacidos, con las cerdas aún húmedas. A los niños nos pareció algo tierno. Mi madre nos tomó por las manos y sin decir nada nos sacó de allí. Oí gritos, correcorre, golpes en el suelo, paredes y muebles. Dos ratas habían atacado a papi, defendiendo sus crías. La mayoría de las bolitas de fino cristal se rompieron. El disco navideño de Celia Cruz, también prohibida, se había roto. Otra víctima de los golpetazos con que ajusticiaron a los roedores.

Pasamos varias tardes recogiendo bayas y semillas que luego pintamos. Fue algo divertido. Con aquello improvisamos un arbol de Navidad.

Llegó Nochebuena. No hubo otra cosa que col guisada con salsa de tomate y un arroz con sabor a trapo viejo que se pegaba al cielo de la boca. Los adultos no hablaron. La política era tema prohibido por abuela Nené. Mis padres pensaban de una forma distinta entre sí. Eso traía a veces agrias discusiones. Sin embargo, esa noche todos parecieron estar de acuerdo. En medio de la comida llegó el apagón. Tía Nena, acostumbrada, se levantó a buscar algo con que alumbrarnos. Mi madre rompió en llanto y se fue a su cuarto. Mi padre salió tras ella. Volvieron abrazados. Una de las poquísimas veces que los he visto mostrándose amorosos. 

El año anterior, por esas fechas, tío Chique se había ido de Cuba. No soportaba vivir en un país así. Era el hijo preferido de Nené. Ella sentía aquella separación muy dentro. No podían comunicarse con nosotros, las cartas desaparecían en el camino y llamar por teléfono era casi imposible.

Muchos la están pasando peor. Hay demasiada hambre, guerras e injusticia en el mundo. Estos niños crecerán y estudiarán una carrera universitaria. No pasarán por lo que pasamos nosotros. Estamos juntos y es lo importante. Feliz Navidad y punto. —sentenció Nené, la matriarca. Su voz me sonó rara. 

«Ya es tiempo de poner el arbolito.» Volvió a insistir aquel niño que llevo dentro en estos días finales de 2013. Recargué el abeto artificial con bolas brillantes y guirnaldas. Resulta groseramente barroco. 

Invité a los amigos a cenar. Reiremos, comeremos lo más típico de la comida cubana, beberemos vino y escucharemos esos villancicos que no conocíamos u olvidamos.  

Por todos los años que no la pudimos celebrar en Cuba y para mis jóvenes amigos cubanos, que no acaban de entender «por qué arman tanto lío con la Nochebuena esa»:

Feliz Navidad.

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23 pensamientos en “De ratones y arbolitos de Navidad

  1. ¡Qué grande, Celia Cruz! Felices fiestas, Ernán, para tí y los tuyos.

  2. Felicidades para ti, criollo de barracón. Así mismo eran esas navidades tristes y desesperadas, más que una alegría: toda una odisea. Recuerdo cositas: los pedacitos de turrones y el jamón del diablo o no se si deliro. Oír a Celia ni en el pensamiento.
    Un desastre, realismo socialista con rumba a la cubana. 🙂 He tenido que documentarme, para saber realmente que eran unas navidades cubanas. Comidas, costumbres etc…y aprender a oír a Celia y a los demás gu-xanos que se fueron, muchos para nunca más volver. Para ellos como para ti, felicidades y muchas sabrosura…daleeeee-@
    P.D- Muchas veces acarició su fantasma…

  3. Coño Alfre: lo de “criollo de barracón” me ha dejado bota’o. 🙂 Te la comiste.
    Me hubieras llamado por teléfono pa’ preguntarme lo de las navidades cubanas. “Todavía quedan restos de humedad” por aquí. Pasaron unas tambochas por mi cocina y lo único que dejaron fue la ensalada y algo de los frijoles, que hoy están dormiditos, dormiditos. Gustas?
    Al llegar los invitados advirtieron que estaban a dieta, pero lo olvidaron cuando probaron el sazón de este gordo profesional. Y Ñiqui, el más temeroso al colesterol, se comió casi un litro de helado de coco. 🙂
    Qué Gargantúa ni Pantagruel! No hay nada peor que invitar a comer a un cubano exiliado. 🙂
    Se escuchó a Celia, a Fernando Albuerne, a Pupi Campo, a La Lupe, a Neno González y hasta vimos a la Fornés cantando un “Mozambique de la antigüedad” a dúo con Jorge Pais disfrazada de Semiramis. No faltaron recuerdos, burlas a mi arbolito, lágrimas y muchas risas.
    Un abrazo y felices fiestas!

  4. Querido Ernán, antes que nada felicitarte las fiestas, aunque sea con retraso. Una de las diferencias de las navidades de mi niñez y las tuyas, es que como yo vivía en una dictadura nacional-catolicista, la navidad se celebraba por decreto, y las “ratas” mordían a los que no acudían a la misa del gallo. Al menos las ratas cubanas mordían por defender su prole, las prefiero. Recibe un fuerte abrazo con aroma de turrón y tequila.

    • No podemos intercambiar nuestras infancias, por suerte. Me cuesta mucho esfuerzo poner el pie en una iglesia. Mis cuatro abuelos eran ateos y a mi me gusta serlo. Fui educado estudiando materialismo dialéctico en la escuela desde niño, tambien por decreto. 🙂
      Un abrazo fuerte y felices fiestas, las de aquí huelen a glogg y a galleticas de jengibre.

    • Hola Angeldescalzo: Los extremos siempre son malos, pero aun cuando tenias que ir a la iglesia, tuviste la navidad. No sé lo que era para tí esa fiesta, pero para mí era cenar, reunirnos en familia, escuchar villancicos y poner el arbolito. Como niño al fin, me hacia tanta ilusión, al cabo de los años he vuelto a disfrutar de la navidad en la que nos reunimos la familia, no la navidad de la iglesia, ni la excomulgada navidad de un régimen dictatorial. De todos modos, felices fiestas a todos.

      • Efectivamente, Castellano qué bueno y sabroso baila usted, los extremos son malos. En mi comentario no estaba en el ánimo calificar, como examen de matemáticas, qué navidades eran peores o mejores, si las de Ernán o las mías, ni mucho menos. Mi intención era la que muy bien comenta usted, “Los extremos siempre son malos” y añado yo, las obligaciones decretadas son también nefastas. Para mí, la Navidad tiene un sabor agridulce, quizás por tener a muchas personas que quiero a 10.000 kms. o en el cementerio, pero mi historia personal importa poco. Sin duda, hoy por hoy, son la excusa perfecta para reunirse, en una sociedad que está perdiendo a pasos agigantados las relaciones sociales. Reciba usted también mi sincero deseo de felicidad en estas fiestas y hacerlo extensivo para el 2014.

      • Como diría mi abuela: Feliz navidad y punto.

  5. Lindo homenaje cubano a estas fiestas !! .abrazo grande y happyXmas o God Jul ! 😉 … un gusto leerte siempre

  6. Aprovecho la entrada, Ernán, para felicitarte estos días. Es curioso, he pasado por otros blogs, pero entrar en éste y no dejar esta felicitación directa me parecía casi un agravio. Así de acogedora son la carterita de piel y las implacables ruedecillas del reló 🙂 Un abrazo, que lo que viene nos traiga un montón más de mediaruederías, que nos alegraremos contigo.

    • Felicius: mis mejores augures para el 2014.
      Habrá mediaruederías pa’ rato, alegres muchas y como machucón de dedo con martillo, algunas. Camarón que se duerme, jamás su tronco endereza. Y yo pienso mantenerme sin que me lleve la corriente, hasta que se termine el baile. Engrasando las ruedecillas y metiéndome la carterita bajo el brazo, por si los cacos.
      Un abrazo, fuerte y desde el Polo Norte, pero nada polar.

  7. Aunque he llegado tarde para las navidades si llego a tiempo para desearte el mejor de los años, el que está por venir. Oigo este Jingle Bells en la voz de Celia Cruz y me quedo alucinada porque nunca antes tuve ocasión. Gracias. Qué alegría saber que la pasaste bien con tus amigos. Un abrazote.

    • Este Jingle Bells bien sazonado es del disco “Navidades con la Sonora Matancera” de 1958. En este último viaje a Cuba mi padre recalcó que mi hermana y yo sí habíamos escuchado a Celia Cruz de niños. Las “placas” de Olga Guillot, América Crespo, Ñico Membiela y otros siguieron “vivas” hasta el 2001, acabando con las agujas de los tocadiscos en casa, pero este disco murió en el asedio letal de las ratas.
      Lo curioso es que aquí en el Polo Norte conocen esta versión gozadora, con la voz nasal de Caíto en los coros. “Soy feliz, en la navidad, alegría quiero ver en la navidad.”

  8. Feliz Navidad Ernán!!! Que diferentes pueden ser las Navidades segun donde nazcas!!! De todas formas cuando uno es niño e inocente no entiendes muchas cosas.
    Miles de besos!!

  9. Me gustó mucho tu post, me dio ternura. La Navidad ya pasó, pero aún puedo desearles un feliz 2014.

    • Gracias. Una de las cosas que me provocaron escribir sobre el tema fue precisamente esa ternura. No la religiosidad de la Nochebuena, sino lo que significa y lo que nos quisieron negar durante décadas.
      Las dictaduras, de izquierdas o de derechas, tienen la manía de PROHIBIR. Pero la ternura, el amor de la familia, la inocencia de la niñez, la fantasía y las ideas terminan por saltar los muros de una forma u otra. Los gobiernos cambian, tienen que cambiar, esos sentimientos no.

  10. Que hermoso tu relato! Es increible como un pueblo tan alegre, a veces pase cosa tan duras… Estuve en tu pais el año pasado y me enamoré de cada uno de los cubanos que lo pisan. Pero la politica es la politica. La posiblidad de hablar y relatar, es algo que nunca deberiamos perder. En mi pais tanto durante tiempo no pudimos hablar de nada…
    Desde la Argentina, un abrazo

    • Maricel:
      Agradezco tanto este comentario. No te puedes imaginar los pensamientos que ha provocado. Llevo veinte años en el exilio, en todo ese tiempo sólo he escuchado palabras de solidaridad como las tuyas en tres ocasiones. Las recordaré siempre y a las personas que las han dicho.
      Me parece increíble que alguien que haya sufrido una dictadura, en España, Chile, Argentina, Uruguay… se haga el ciego y crea que los cincuenta y cinco años de dictadura en Cuba son un ejemplo de libertad o de beneficios para el pueblo.
      Yo, mis padres, mi hermana, mi familia y mis amígos, somos el pueblo. Ni éramos Batistianos ni ricos, nunca lo fuimos. He visto tantas injusticias, las he sufrido y al final, las que vive mi gente no son iguales que las que se sufren en otros lugares. Es tan injusto como la crueldad de las dictaduras.
      En Cuba decimos que “tanta culpa tiene el que amarra la pata de la chiva, como el que le da la puñalada para matarla”. Gracias, otra vez desde el centro de mi alma, por no aguantarle la pata a la chiva y mirar al otro lado, como hacen tantos otros. Gracias por ser un SER HUMANO y honrar esa definición con tu existencia.
      Un abrazo para tí y para los que piensan como tú. Y gracias otra vez.

      • De nada!Un gusto poder contarte lo que me desperto tu pais… Creo que se vienen vientos de cambio ahi, pero uno nunca sabe… Lo más importante que tenemos que saber es que nadie debe pedir perdon x el simple hecho de pensar..

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