DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Nené y el lector de tabaquería

33 comentarios

lector tabaquería 001

«A los catorce años me casaron con un hombre de treinta y cinco. A los nueve meses exactos parí el primer hijo, con el tiempo nacieron seis más. Tu abuelo se jugaba a los naipes el sobre del cobro diez minutos después de recojerlo. Era la época de las Vacas Flacas y del Machadato en nuestra isla. Comíamos todos los días harina de maíz con aguacate, con mucha suerte: una lata de sardinas para toda la familia y arroz.» Contaba mi abuela materna.

No recuerdo haberla visto dormirse de un tirón. Desde mis siete años compartíamos habitación, cada uno en su cama personal. La lámpara se encendía y abuela Nené leía hasta que la vencía el sueño. Una noche tomé el primer libro que encontré, me puse a leer hasta que se apagó la luz, por puro mimetismo infantil. Primero fue una necesidad (el menor asomo de claridad me desvela) luego se convirtió en placer.

Cuando mi tía Nena notó mi interés lo alimentó con la colección de El tesoro de la juventud o aventuras escritas por Verne, Dumas y Salgari. Me dormía soñando con Phileas Fogg, el capitán Nemo o Sandokan.

La madre de mi madre devoraba cosas como Maria Antonieta de Stefan Sweig, su autor favorito; El conde de Montecristo del gran Dumas o Rojo y negro de Stendhal. Nada de novelitas rosas. Algo sorprendente en una mujer que solo había aprendido a leer, escribir, sumar y restar.

No era tan vieja como el abuelo de Pupito, nuestro vecino de los altos, para haberse detenido a escuchar a través de las ventanas en la esquina habanera de Sitios y Ángeles al lector de tabaquería de El Fígaro. El anciano contaba orgulloso su primera impresión, aquella fue la fábrica de tabacos (puros habanos) donde se inició la costumbre en Cuba. Gracias a un inmigrante asturiano: Saturnino Segundo Martínez.

Como en la vida de muchos cubanos, por el camino de Nené se cruzó un lector de tabaquería, su voz la enseñó a amar las historias que se meten en un libro. Abuela sólo trabajó dos o tres horas diarias por un corto tiempo en una fábrica de tabacos, fue suficiente. Se enganchó en los destinos de los protagonistas de las novelas. La entonación, las pausas llenas de expectativa, el dramatismo y el énfasis que usaba el leyente en las galeras tabaqueras la habían hechizado.

«Después me las arreglé para conseguir los libros prestados. Esas vidas de ficción se me hicieron tan necesarias, como las cartas de la baraja para tu abuelo. Mis penas se iban por las noches, leyendo.»

El catalán Jaume Partagás construyó el primer púlpito para un lector de tabaquería en la Habana. Y se convirtió, por transmisión, en el culpable de la pasión de Nené por la lectura, la mía y la de muchos otros criollos.

Se había leído antes para las torcedoras, en las ciudades españolas de Cadiz, Sevilla y Madrid. Desde allí la practica viajó a nuestro país. Al principio los mismos obreros criollos pagaban de sus bolsillos a quiénes les leían. Muchos dueños se opusieron, en más de una ocasión fueron prohibidas las lecturas pero la costumbre se afianzó a finales del siglo XIX.


Mis tíos tampoco se iban a la cama sin un libro, ni mi padre o mi madre lo hacen. Era la manera de su generación y la de mi abuela de conciliar el sueño. Viviendo la venganza de Edmundo Dantés, los miedos de la reina de Francia por perder su cabeza o la ambición arribista de Julien Sorel. Todo, gracias a la voz de un lector de tabaquería en su púlpito, que enseñó a los criollos urbanos la magia de la lectura, más que ninguna escuela, ningún maestro o ninguna campaña de alfabetización masiva.

lector de tabaquería

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33 pensamientos en “Nené y el lector de tabaquería

  1. Hermoso texto lleno de sutilezas y crónica poética y, desde luego, muy bellas estampas que nos hablan de otros tiempos y otras perspectivas. Una forma delicada de describir la vida, que no es poco. Abrazotes

  2. Una historia inspiradora sobre el placer de la lectura. Además, tu abuela Nené tenía buen gusto: Stefan Zweig, Dumas, Stendhal.
    Y bienvenido tras las cortas vacaciones.

  3. Original forma de plasmar una sociedad, y me pregunto, ¿carecían de las primeras necesidades nutritivas y podían disponer de libros?

  4. A veces, las primeras necesidades nutritivas son las del alma. El hambre de saber. 🙂

  5. Hermoso!!!
    La herencia de los abuelos se graba en los corazones, o al menos a mi, me lo parece.
    Felices vacaciones Ernán!! 😉

  6. Las pequeñas grandes historias casi siempre nacen de una niñez lectora, y en toda casa con libros se moviliza esa curiosidad de los pequeños que está latente, me incluyo porque una vez lo fui. Nos hipnotizaban las historias de aventuras que vos leíste y otras que me tocaron, ¨Los cuarenta bramadores¨del legendario Vito Dumas, y otras que no menciono aquí, iniciaron mi pasión por navegar.

  7. Preciosa imagen la del lector de tabaqueria, seguramente algo tendra que ver con esa imagen romantica que tenemos desde esta España cada vez mas borrega, de una Cuba pobre pero culta.
    Siempre que leo tus escritos me siento mas cerca de tu tierra y cada dia mas me apetece cruzar ese mar que nos separa para conocerla.
    Un saludo.
    Luis.

  8. Saludos:
    Te nominé a un premio de Bloggers.
    Te dejo acá los detalles: http://navidalex.wordpress.com/2014/09/24/premios-blogger-the-versatile-blogger-award/

    ¡Felicidades! (:

  9. Es curioso como, de niños, nos mimetizamos con las cosas que hacen los mayores con los que convivimos y el amor por la lectura es un ejemplo más.

    Puedo imaginar a la abuela Nené recorriendo con placer las líneas escritas por el gran Zweig o desgranando la personalidad de Sorel. Y al mismo tiempo veo a ese pequeño sumergirse en la magia de las aventuras de Verne. La imagen que imagino me parece sublime.

    No conocía la existencia de estos lectores en voz alta que amenizaban o, más bien, hacían más llevaderas las jornadas laborales, pero celebro su existencia porque, como bien dices, ayudaron a muchos trabajadores a descubrir el placer de la lectura.

    Me ha encantado el relato y las fotos!!

  10. Hola, Te he nominado para el “Wonderful Award”, creo que es una manera muy adecuada de dar a conocer nuestros blogs. Un saludo. http://literaturaxx.wordpress.com/2014/09/27/wonderful-award/

  11. Me ha parecido maravilloso en verdad! Que relato mas exquisito.

  12. Recuerdos imborrables los que nos quedan en la memoria cuando pasábamos noches de tertulia al calor de los abuelos, o mis padres en mi caso. Ahora trato de que mis hijas y mis sobrinos hagan ese viaje por la imaginación.

    …ahí lo hacen un poco, a tientas, pero van.

    Gracias por el recuerdo.

  13. Es curioso esto de los lectores, para un publico que se supondría que no era muy dado a devorar libros. Lo que como siempre demuestra que las conjeturas casi nunca son ciertas.

    Y veo que sigues regalando vivencias, recuerdos que novelas como pocos. Cuidate

  14. Gracias, Manolito. Llevo años tratando de escribir una novela sobre este tema y homenajear, humildemente, al lector de tabaquería, elemento importantísimo dentro de la historia de Cuba. Y al mismo tiempo hacer una recreación de otras dos o tres abuelas que conocí…
    Abrazotes fuertes, con cierto tufito a Ron Legendario que aún conservan mis ropas del viaje a Cuba. Casi acabo de bajarme del avión… 😉

  15. Hola amigo Eduardo. Había programado el reblogueo de estas dos entradas, pero estoy recién llegado de mi Cuba, donde el pueblo sigue sin acceso a Internet, desgraciadamente.
    La pasé muy bien, casi todo el tiempo con mis padres y familiares, conversando y escuchando anécdotas familiares y barrioteras, alimento para Después de la Media Rueda.
    Siempre me sorprendió el gusto de abuela, Naná de Emile Zolá, El conde de Montecristo de Alexandre Dumás y las biografías de Maria Antoneta y Marie Curie de Stefan Sweig, eran sus grandes favoritos. Libros que comentaba con una pasión contagiosa.
    Gracias, las vacaciones se alargaron tres días por la huelga de Air France. Fue un poco angustioso, pero ya estoy en mi querida Estocolmo.

  16. Amiga Nely:
    No quise ahondar en ciertos detalles, dejándolos estratégicamente para otra entrada, pero la primera Biblioteca Municipal en Cuba (Domingo del Monte) se fundó en el barrio habanero del Cerro en 1937, a exactamente tres cuadras de mi casa. Una suerte para sus habitantes y mi familia, además de otros benefactores de los que también hablaré a su tiempo.
    Muy bueno tu señalamiento. En la versión original había escrito esos datos, luego me parecieron sobrantes o dignos de una crónica aparte.
    Gracias por recordarme que un buen lector (además pintora y escritora, en tu caso) siempre quiere más.
    Saludos desde el Polo Norte.

  17. Gracias, Susan.
    Uno de mis escritores favoritos cubanos, Onelio Jorge Cardoso cuenta en “El caballo de coral” sobre los dos hambres del hombre. Es un bellísima historia, sobre un pescador que busca esa verdad, puedes leerlo en “Literatura. Material de lectura de la UNAM”:

    http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=108&Itemid=30&limit=1&limitstart=4

    Lo releí ahora mismo y me emocionó tanto como siempre lo hace. Más que un cuento, es un viejo amigo…

  18. Un millón de gracias Vero, por el comentario y los buenos deseos.
    La pasé muy bien, con mis padres, familiares y amigos, disfrutando de su compañía y sus historias.

  19. Leer en la niñez provoca muchas cosas buenas. También soñé con navegar. Otro fue mi destino.
    Una vuelta al mundo en solitario, genial y contagiosa idea del legendario Vito.
    Nací en una isla, el mar es una necesidad en mi, picado o en calma chicha, me pone en mi lugar, es como si me completara.
    Curiosamente, me acordé de tí al releer esto, estoy seguro de que te gustará:

    http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=108&Itemid=30&limit=1&limitstart=4

    Gracias, Héctor. Y un saludo desde mi casa en el Polo Norte.

  20. Luis:
    Acabo de llegar de mi isla. Durante más de dos semanas he pasado momentos maravillosos con familiares y amigos. Lo interesante es que muchas de nuestras conversaciones giraron alrededor de libros, cosa que me alegró, pues pertenecíamos a diferentes generaciones y en todas se notaba la pasión por la lectura. Ya lo contaré en un próximo post.
    Conozco cubanos tan brutos que si se caen comen tierra, los hay y muchos. Educación cultural y nivel de instrucción no son lo mismo, claro que eso lo sabemos todos. He tenido la suerte, por casualidad como el burro que tocó la flauta, de rodearme de gente culta pero creo que ya no es muy común en aquellos lares.
    Siempre he creído que los lectores de tabaquería impulsaron la tradición de lectura en los pequeños poblados donde se manufacturaban puros habanos, tabacos, los llamamos en Cuba.
    Nací en un pequeño poblado perteneciente a la región tabacalera de Vuelta Arriba, donde se produce una hoja un poco inferior a la de Vuelta Abajo, aún muy buena y respetada. Allí abundaban las fábricas de habanos y los centrales azucareros, además de poetas repentistas y decimistas. Otra tradición cubana que nos viene de Canarias.
    Todavía estoy afectado por el largo vuelo y no me concentro en agradecerte el buen comentario, que era mi propósito original. Gracias, Luis.
    Un saludo desde este Polo Norte otoñal que tanto quiero ya.

  21. Ahora mismo lo busco. Mil gracias

  22. Muchas gracias! Acabo dellegar de mis vacaciones en Cuba y encuentro estar sorpresa.
    Gracias, otra vez y enhorabuena.

  23. En casa, además, teníamos la costumbre de leer los mismos libros y comentarlos después, como en una mini tertulia familiar. Las conversaciones entre adultos sobre algunas novelas me dejaban perplejo pero me fueron transmitiendo la pasión de mis mayores.
    Disfruté de esa vehemencia hablando con mi prima favorita, sus hijos y algunos de mis amigos, en mi reciente viaje a Cuba. Hay algo muy íntimo en el hecho de compartir un buen libro, sé que lo sabes… 😉
    Poco se ha hablado sobre los lectores de tabaquería y su influencia en los hábitos de lectura. Son una figura casi mítica en la isla. Desde hace años, un grupo de intelectuales cubanos luchan por convertirlos en Patrimonio Cultural de la Humanidad. Creo que merecen más que eso. Recuerdo la abuela de un amigo que había trabajado muchos años en la fábrica H. Uppman, su cultura era sorprendente, todo gracias a poder haber escuchado durante un largo tiempo buenos libros en buenas voces. Otro regalo que nos vino de España.
    Gracias, Chelo, es siempre un placer tenerte por aquí y leer tus comentarios.

  24. Muchas gracias, don Jesús! Un regalo de bienvenida después de mis vacaciones en Cuba, donde no hay acceso a Internet todavía.
    Gracias y feicidades por tu premio!

  25. Muchas gracias, Yara. Y felicitaciones por tu premio!

  26. Precisamente recordé un comentario tuyo anterior hablando con mis sobrinos (los hijos de mis primos hermanos) sobre libros. Ya lo cuento en un próximo post.
    Somos privilegiados sin saberlo, Jagxs. Acoger la pasión de leer y poderla transmitir es un tesoro incomparable. Eso hará a tus hijas y sobrinos seres humanos más completos.
    Un abrazo de un corazón sonero.

  27. Conocí unos cuantos viejos tabaqueros pensionados, todos leían con ahinco. Después de 1959 solo les leen discursos y periódicos o les ponen la radio, otra tradición que ha perdido su encanto por la extrema politización.
    Me subí al desván en esta reciente visita a Cuba y cuando ví la carátula de mi “El gatopardo”, recordé tu excelente comentario sobre la película.
    Gracias y saludos desde… un lugar cercano al Círculo Polar Ártico.

  28. Muchas gracias Alex. Un placer tenerte por aquí. 😉

  29. Me ha hecho llorar. Llorar con esas lágrimas silenciosas que no son de pena ni de dolor, mirando el fulgor rojo de ese caballo. Impresionante cómo escribe Onelio Jorge Cardoso. Directo al alma. Besos…y gracias de nuevo.

  30. Feliz vuelta a casa, se te echaba de menos. Espero vengas cargado de nuevas historias y mucha , mucha energia. Abrazotes

  31. Hasta tu casa cercana al polo, y seguro añorando los trópicos donde naciste. ¡Que hermoso relato ¨El caballo de coral¨El ambiente del mar caribe se respira en cada frase, salvando las diferencias me ha hecho recordar ¨El viejo y el mar¨
    Amigo, un cálido abrazo. Héctor

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