DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Las tijeras de una reina

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Las tijeras de una reina

 

No recuerdo si era de día o de noche. Salí corriendo por toda la casa sin que nadie me pudiera parar. Tendría cinco o seis años. Había reconocido la voz de Celeste Mendoza en los altoparlantes del televisor Dumont y quería verla en la pantalla redonda. Me enredé con el cable de una lámpara de bronce que tenía ceniceros y encendedores de alabastro. El lamparón cayó arrastrado por mi ímpetu de rumbero. Casi vino a dar sobre mi perra Osita, despertándola con el estruendo. Jamás volvió a dormir en la sala. Se hizo huésped eterna de la casa que le habían construido en el patio.

Yo no entendía las letras de los bolerones, pero ver a Ana Gloria bailando rumba, danzonear a Paulina Álvarez y menearse a La Mendoza, me arrebataba.

Celeste se enorgullecía de haber provocado el mismo frenesí a los franceses en el Olimpia. Era su recuerdo más querido. Recorrió América de arriba a abajo y media Europa.

Nadie sabe quien la coronó como la Reina del Guaguancó, unos dicen que Germán Pinelli, otros que Rita Montaner. Ella creía que fueron los periodistas. Muy pocas mujeres han cantado el género, a pesar de que en el baile la mujer es la que decide, mientras el hombre improvisa y payasea, para ganar su interés y vacunarla.

Giró por los antiguos países socialistas con el Music Hall Cubano. En Leningrado, en un ataque de divismo, quiso que le pusieran un micrófono en el escote del vestido.

– Si a Elena Burke, que canta boleros y no se mueve, se lo colgaron, a mi hay que enganchármelo. Ella es la Señora Sentimiento. Las señoras sienten pero no lo muestran. Yo soy una muert’e’hambre del barrio de Los Hoyos. Bailaré por to’ el escenario pa’ calentar a este público de rubitos con mi sabor. Y tradúcelo todo, este muchacho. – El intérprete improvisado fue Jorge Ybarra.

Muy poca tela cubría su abultado pecho, no existía espacio para el aparatito. Hubo que rodearla con cuatro micrófonos de pie. Nadie podía impedirle que bailara

Hacia los finales de los 60 descubrió que su marido le era infiel. No le preguntó nada, no discutió. Esperó a que el hombre se quedara dormido. Para envalentonarse se dió un trago de aguardiente Coronilla y dos y tres… Después de beberse la botella, cogió unas tijeras recién afiladas. Cuando le sacó los testículos del canzoncillo matapasiones, el donjuan despertó a punto de ser castrado y convertido en contratenor. Se armó el escándalo.

Los vecinos llamaron a la policía al oír los gritos de la potencial víctima. La cantante fue detenida. Poco después el cónyugue retiró los cargos. El machismo al poder no podía perdonarla, como excusaba la violencia de cualquier varón celoso. Le cerraron todas las puertas. No más televisión, giras, discos o actuaciones en teatro. Desapareció del mapa y de las ondas radiales.

Se rumoreó que le había dado candela a una pareja más joven que ella. Esa manera cubanísima de rociar con luz brillante (queroseno) al objeto de la venganza mientras duerme, lanzando un fósforo encendido a la cama después, para castigar la infidelidad. Su odio no llegaba a tanto.

Muchos creyeron que estuvo cumpliendo veinte años en la cárcel por el cacareado crimen. Lo cierto es que Celeste había recaído en el alcoholismo, esta vez de una manera penosa.

La nueva década trajo a Silvio y a la Nueva Trova. Sonaban a Bob Dylan, a Serrat, a Violeta Parra y a Leon Gieco. Todos muy buenos y admirables pero todos extranjeros. No había cabida para el cubanísimo guaguancó. La única excepción fue Pablo Milanés, cantando sobre los caminos que no se hicieron sólos y eran desechos de viejos caminos.

Al final de los años 80, el mismo Jorge Ybarra que le sirvió de traductor en San Petersburgo, escribía y dirigía una

Tertulia en el Teatro Mella, animada por la actriz Magaly Boix y producida por Daniel Alcolea.

La Mendoza vivía en Línea y F, a sólo unas cuadras. La veíamos pasar desde la taquilla con su turbante, todavía derrochando sensualidad al caminar. A Ybarra se le ocurrió dedicarle un homenaje.

Aunque el trayecto era muy corto, Celeste pidió que la fueran a buscar en auto la noche del espectáculo. Se había hecho un peinado muy elaborado, soplaba el viento y no quería despeinarse por el camino. Daniel Alcolea envió a E. para recogerla en un pequeño Volkswagen. En el asiento trasero, el moño de la mulata chocaba con el techo del VW. Tuvo que viajar doblada sobre su estómago, con la cabeza inclinada. Cada vez que E. miraba por el retrovisor le entraba un ataque de risa.

Así llegaron al teatro. Vi el automóvil desde lejos y corrí, como lo había hecho en mi niñez. Adelantándome a Ybarra y a Alcolea. Quise abrirle la puerta a la mulata. Por suerte no había ningún cable en el piso.

– ¡Ay este muchacho! – dijo sin mirarme, hablando más con las manos que con palabras. -Sácame con cuidado de esta cafetera que voy a coger tortículis. ¡Las cosas que hace uno por su público!

Se armó un pequeño tumulto. No fue fácil evacuarla sin despeinarla pero salió y la llevamos al camerino, donde Daniel Alcolea tenía dos peluqueras esperándola.

Magali Boix hizo la introducción y descorrió la cortina. La aplaudieron como si los falsos moralistas no la hubieran destronado nunca.

Ybarra recordó entonces la primera vez que la viera en televisión en 1953, presentada por Germán Pinelli. Fue en el programa “Esta noche” de canal CMQ. Celeste cantó un bolero ranchera en tiempo de guaguancó acompañada por una orquesta. Estaba vestida con la copia de la copia de la copia de un Christian Dior. Todo en el mejor estilo hollywoodense de Joaquín M. Condall. Nada que ver con la Mendoza de verdad.

Volvió a salir en televisión después de aquella Tertulia. Desempolvaron sus discos y grabó con el Conjunto Sierra Maestra. El alcohol y los años habían afectado su voz. Murió en 1998, en su Cuba querida.

El guaguancó goza de buena salud. Usa nuevos instrumentos, a los cajones de bacalao se sumaron las paredes de las guaguas y las maletas de madera de los becados.

Un rey quiso cambiar su reino por un caballo y pasó a la historia, a Celeste Mendoza quisieron trocarle su corona por unas tijeras afiladas y unas cuantas botellas de aguardiente. La entronizó su pueblo. Será siempre la Reina del Guaguancó.

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18 pensamientos en “Las tijeras de una reina

  1. Esto ha sido un parto muy difícil, sin tres comadrones no hubiera sido posible: Ybarra por sus recuerdos, Denis Gómez y Lourdes Gómez por su conocimiento de la lengua castellana, los tres por esa amistad de corazón. Gracias, otra vez!

  2. Parto con feliz término. Cuánto se disfruta con estos viajes a las raíces. Qué rica la rumba y el guaguancó. Una pena que el alcoholismo haya hecho mella en la voz de esta grande de la cultura cubana. ¿Se parecía el moño del Mella al que usó durante este último video que incluiste? Un saludo

  3. Unión de Reyes llora…porque malanga murió…. No hay forma de ver un video o una foto de Celeste y que ese fragmento de uno de sus famosos guaguancó, no venga a mi mente…. Celeste fuiste, eres y serás dueña de un estilo unico, bebido por ti desde niña, en tu natal Santiago de Cuba.

  4. Gracias Castellanos, bueno, rico y sabroso comentario.

  5. Fide, esas son as Memorias que le Dan sentido a nuestras vidas…Celeste, Meme Solis, Martha Strada y tantos otros que fueron y son la verdadera expresion de nuestra cultura e identidad…anda escribo algo de la Strada…de las buenas puestas del Guinol, del Palermo, el Gato Tuerto, Bola de Nieve…

    • En el escenario del Guiñol tengo una historia que no puedo publicar aquí. Yo era la candela. 🙂 Del Scheherazada, del picadillo a la habanera de La Carreta, de Bola de Nieve, de nuestra adorada Elena Burke, de… Hay mucho que contar. Tambien nos queda mucho que vivir. Esto se llama “Después de la Media Rueda” y sólo estoy contando cosas de mi niñez y juventud. Después de los cincuenta tambien se divierte uno… 🙂 Gracias por leerme!

  6. Gracias, Fide, por llevarme tantos años atrás en mis recuerdos. Me parece que fue ayer el verla moverse en el escenario con esa gracia tan natural en ella. Vas bien….

  7. Por nada, Don Ybarra. Estoy loco porque comiences con tu blog. Ahí si nos vamos a enterar de cosas interesantes.

  8. Qué linda narración llena de música y anécdotas de la gran música cubana.

  9. Qué linda narración, llena de anécdotas sabrosos y con la gran música cubana. Saludos Ernán… Desde México

  10. La vi a esta mulatona china. Cantando Papa Oggun, todo un espectáculo a pesar de su edad. Fue en el rincón del bolero, yo apenas tendria 20 años y en fin. Se subieron un montón de viejas glorias al escenario, algunos los conocía, otros ni idea e improvisaron música de todos. Espectacular sin mas….. Cuidate

    • Esa manera de improvisar le llamamos en Cuba: descargar. Si es con boleros o filín, mejor. Imagino como habría disfrutado. Gracias por contarlo. Saludos desde el Polo Norte.

      • Si sabia que lo llamabais así. Estuve en bastantes de esas y solía ser común, digamos que perjudicados por sustancias etilicas terminara el escenario lleno de cualquiera menos el que tenia que cantar.

        En fin, a veces pienso, si de verdad mis recuerdos son de lo bien que me lo pasaba en aquella época o simplemente que entonces era bastante mas joven. Y lo que hecho en falta, es la capacidad de sorprenderme, de ilusionarme con cualquier cosas

        Imagino, que mitad y mitad. Cuidate

  11. voy revisando tu blog poco a poco por falta de tiempo, las tijeras… me la he leído con llantera , gracias por hacerme revivir esos momentos, en mis recuerdos de guajiro que llegó tarde a muchas historias de la habana la imagen de esta reina es desde un philco de 15″, era un crío y durante años escuché y creí el bulo de “la candela y la cárcel”; en el año 92 un español (auserón) sacó un recopilatorio si, 7 años antes de wim wenders, que incluía su papá oggún, el panquelero de paulina álvarez o quirino de merceditas valdés cómo he disfrutado ese disco!!!!

  12. Gracias Argi. Me haces un honor y me das el alegrón. Sabes bien que no comparto el chauvinismo vacío de algunos respecto a nuestra isla, pero su música es algo especial. La respeto y admiro.

  13. Pingback: Sobre Celeste Mendoza | Linda M. Rodriguez

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